14 ago 2020

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El espíritu de Sant Jordi y la batalla electoral

Sílvia Cóppulo

Vino Sant Jordi en un día de primavera espléndido cargado de libros y de rosas, y las calles de Catalunya volvieron a hervir de gente que paseaba del brazo con la primavera queriendo ser más culta, rica, libre, despierta y feliz. Todos abrazamos la esperanza de dejar atrás un tiempo con niebla.

De Sant Jordi a Sant Jordi, ayer al atardecer el Palau que lleva el nombre de quién supo vencer al dragón, situado en la montaña mágica de Barcelona, se llenó con 16.000 personas que volvieron a sonreír y a cantar que el país que queremos será posible. 

El letargo del invierno se acabó. 'Ara és l'hora' proclamaba ayer al atardecer que la República catalana empezará en los ayuntamientos. Las voces se alzaban en un ambiente mezcla de fiesta y de unidad, de capacidad de juntar, de liderazgo y de visión. 

No parece que la República Catalana esté cerca, ni que a nadie le angustie mucho, del mismo modo que por Sant Jordi andábamos ociosos habiendo olvidado que era el día que se habría declarado la independencia si el 9-N se hubiera podido hacer un referéndum vinculante. Son elementos necesarios para dibujar el horizonte, que permite no pararse.

De aquí a menos de un mes iremos a votar los ayuntamientos. En el bolsillo llevaremos muchas claves. Todas son válidas para abrir puertas que nos permitan aposentos mejores en nuestra vida. La clave local, la clave social y la clave soberanista. Ayer, la ANC, Omnium y la AMI reclamaban que cada votación sea plebiscitaria hasta conseguir que Catalunya sea independiente. Puede serlo o no. Pero es seguro que el peso que consiga la balanza soberanista en la contienda municipal será un magnífico indicador para destilar cómo lo tiene que hacer este país para avanzar en lo que ahora llaman la hoja de ruta, aquello que el poeta llamaba el norte donde la gente sea más rica, culta, libre, desvelada y feliz.