Análisis

Psiquiatría y violencia

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Vayan por delante mis respetos a víctimas y a sus familiares. Dicho lo cual, creo necesario aclarar que la violencia no es un fenómeno que tenga que ver con la psiquiatría. De hecho, solo un porcentaje mínimo de hechos violentos son protagonizados por enfermos mentales. Pendientes de que se realice al menor del Institut Joan Fuster un peritaje psiquiátrico que intente aclarar la naturaleza de la violencia padecida dentro del sistema educativo, buscamos responsables desde distintas posiciones.

Suponiendo que el menor estuviera aquejado de un trastorno mental que lo enajenara, no puede ser responsable, como tampoco lo sería si fuera un adulto. Algunos se preguntan cómo sus familiares no se dieron cuenta de los cambios previos en su conducta, si estos ocurrieron.  No es sencillo porque no se producen de un día para otro alarmando a todo el entorno. Estos brotes se gestan a lo largo de semanas, meses e incluso años.  Niños solitarios, extraños, con problemas para socializarse hay muchos, y la mayoría de ellos nunca resultarán agresivos. Alguno podría cometer algún acto violento, aunque resulta más fácil que ellos mismos sean objeto de la violencia de otros en forma de burlas o acoso. Así son más los violentos sin ninguna enfermedad, y sobre ellos se debería ejercer mayor control desde donde correspondiera.

En la escuela tampoco detectaron la posible peligrosidad de un niño de 13 años que en alguna ocasión verbalizó que disponía de una lista negra y que era aficionado a los videojuegos violentos. ¿Cuántos otros como él existen con similares características? Únicamente la violencia predice la violencia. Si un niño ha sido objeto de acoso, las actitudes violentas son habituales en su entorno o él mismo ha participado con anterioridad en algún episodio de violencia, se puede señalar que presenta un riesgo de protagonizar un hecho violento.

Ahora es el momento de atender a las víctimas; a todas. De anticiparnos ante la posibilidad de que aparezcan los problemas relacionados con sucesos de esta naturaleza. Debemos intervenir como agentes de salud mental en la prevención y el tratamiento. Determinando como normales algunas respuestas ante este estrés e identificando a los sujetos más vulnerables. Es necesario atender, realizar un buen diagnóstico y tratamiento si fuera necesario, al agresor  y también a su entorno próximo.

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Temo como psiquiatra que este tipo de sucesos contribuyan a estigmatizar a mis pacientes, a todos mis pacientes. Ellos no han elegido padecer una enfermedad, la sufren y lo que necesitan es alivio, no que se les aparte o señale. Si son objeto de exclusión, su recuperación será más difícil.

La violencia existe en nuestra sociedad. Sobre su naturaleza son los sociólogos quienes deben opinar. Su prevención y tratamientodeberían ser el objeto de todos los agentes sociales, incluyendo familia y escuela. El debate ahora no es si se debe modificar la ley del menor, sino cómo debe ser objeto de mayor protección, tenga o no un trastorno mental.