08 ago 2020

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Toni, gracias

Joan Guirado

Catalunya ha sido pionera gracias a la voluntad de los diferentes actores implicados y de la mayoría del Parlament, en aprobar una ley para la erradicación de la homofobia, la lesbofobia y la transfobia. Una ley que provocó un gran paso adelante en la garantía de los derechos de aquellos hombres y mujeres que hemos decidido por propia voluntad, amar a una persona de nuestro mismo sexo. Una ley que debe ayudar a evitar situaciones de discriminación y violencia que muchos de nosotros hemos sufrido, sobre todo de pequeños en la escuela o en nuestros círculos más cercanos. Sin ir más lejos, ayer saliendo de cenar con unos amigos en Olot, una ciudad de más de 30.000 habitantes cosmopolita y moderna, un grupo de chicos que se creen muy hombres, seguramente con alguna copa de vino de más, me animaron a salir del armario gritando en plena calle. Pobrecitos, quizá sea alguno de ellos quien no se atreve a hacerlo.

La ley que la cámara catalana aprobó el 2 de octubre de 2014 protege la integridad, la dignidad y la libertad de los gayslesbianasbisexuales transexuales, y lo hace porque a pesar de vivir en una sociedad que ha avanzado en muchos campos, en cuestión de igualdades aún queda un largo camino por recorrer desde el día que José Luis Rodríguez Zapatero y un gobierno del PSOE dio luz verde a los matrimonios entre personas de un mismo sexo. Ese también fue un gran paso adelante. Nos permitía compartir un proyecto vital con la persona que quisiéramos, que era legalmente reconocido a todos los efectos. En definitiva, nos permitía crear una familia.

Hace unos días, el amigo Toni Cruanyes y su marido Eugeni Villalbí, hicieron pública una muestra de esta normalidad, que no debería provocar más que la satisfacción y la alegría de saber que una pareja ha cumplido su deseo de poder hacer crecer un hijo. Fuimos muchos los que les felicitamos. Como en su día lo hicimos con Jaume y Oscar, Santi y Rafael o muchas otras parejas de personas del mismo sexo que han contribuido a que la sociedad vea estas uniones como un hecho normal, y que han sido de gran ayuda para aquellos jóvenes que como yo, u otros más pequeños, hemos decidido salir del armario en la Catalunya interior con todo lo que ello implica.

Lamentablemente, al anuncio tímido pero de felicidad de Toni y Eugeni, fruto de una pareja que siempre ha querido pasar desapercibida, no todo el mundo ha respondido igual. Un vecino de Vic de nombre Narcis escribía en un medio local que con la ley en la mano, incluso tal vez vulneró la ley del Parlament publicando la misiva, una carta donde ponía en duda que pudieran ser padres. Donde los culpabilizaba de contribuir a la extinción de la raza humana, de preguntarse qué querrá o no el bebé, o de facilitar que el niño en un futuro, pueda acabar enamorándose también de una persona de su mismo sexo. Y lo dice como si a sus padres les pudiera saber mal que optara por enamorarse como hicieron ellos. Palabras de alguien que no ha avanzado y se cree tener la razón absoluta.

Por suerte, personajes como el autor de esta carta quedan pocos. Incluso mi abuela que ya supera los 75, se lo toma con naturalidad. Y también por suerte, cada vez hay más personas como Toni, Oriol, Santi, Sandra, Jaume o Jorge Javier, que desde una posición de gran reconocimiento público actúan con naturalidad en un gesto no menor, que contribuye a hacernos sentir todos iguales. A hacernos sentir como somos, ciudadanos con los mismos derechos y los mismos deberes. Ciudadanos que podemos caminar por la calle cogidos de la mano demostrando nuestro amor hacia la persona que nos acompaña. Porque sí, gracias a vuestro ejemplo, hoy muchos podemos decir sin temor a que somos gays.