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Amigos para siempre

Alfred Bosch

Respuesta a la carta de exconcejales socialistas de Barcelona

Estimados amigos,

Defender el legado de alguien no es ofender, sino más bien lo contrario; es honrar y positivar. Coincido totalmente con vosotros que no sería correcto apropiarse en exclusiva de la herencia política de Pasqual Maragall, con la pretensión de impedir que ningún otro la reivindicara. No sería adecuado prohibir los elogios, ni a instancias de ningún grupo político ni de ninguna de las personas que trabajábamos. En cambio, que muchos nos podamos sentir herederos del maragallismo pienso que es una medida de éxito, y creo que debe ser motivo de celebración y de alegría para todos aquellos que tuvimos la suerte de participar en el proyecto barcelonés que él lideró. Nos lo tenemos que tomar, en la modestísima parte que nos corresponda, como un reconocimiento a nuestro propio trabajo.

Con la mayoría de vosotros hace muchos años que nos conocemos y que hemos compartido vivencias. Con algunos tuve un trato casi diario, a lo largo de aquellos nueve años que yo mismo estuve vinculado a la preparación de los Juegos Olímpicos de Barcelona, ​​desde 1984 hasta 1993. Empecé muy joven en la Oficina Olímpica de la Zona Franca, después en el pabellón de la Font Màgica y, finalmente, en el edificio de la Maternitat con el COOB'92. Para mí fueron unos años formativos, de aprendizaje y de crecimiento personal. Y tuve la suerte de poder trabajar a fondo y de disfrutar muy cerca vuestro lo que sin duda es el proyecto de ciudad más importante de nuestros tiempos.

Hoy me presento para alcalde, y sería absurdo, incluso sospechoso, que ocultara mi participación en el proyecto olímpico. O mi gratitud a la ciudad que amo y al alcalde de Barcelona que más admiro y aprecio, que fue mi jefe durante los años olímpicos. O la firme voluntad de afianzar, ensanchar y llevar a una conclusión lógica lo que arrancó con él en 1992. Siempre recordaré el día que se tomó la sabia decisión de situar la Villa Olímpica en Poblenou, como propuesta de mejora, y se abandonaron otras opciones especulativas y antiecológicas. Fue un día grande, que marcó la determinación de hacer una ciudad más justa y más social. Pues bien, pienso que hay que continuar en esa línea; completar la conexión de Barcelona con el litoral, reequilibrar los barrios de la ciudad, esponjar el centro, redondear el perímetro... O sea, perseverar en ese urbanismo social que dejó el legado perdurable de la Barcelona maragalliana.

Hace más de 20 años, tuvimos el acierto de proclamar que Barcelona'92 era cosa de todos; ahora sería bueno afirmar que el legado y la figura política más representativa de ese momento también están en el corazón de todos. Porque entiendo que amar no pasa tanto por poseer como por compartir. Me siento contento, por tanto, de poder continuar hablando de la que fue la aventura de nuestras vidas y del patrimonio enorme que ayudamos a crear. Todos juntos. Y feliz de compartir de nuevo con vosotros para que podamos encontrar, de todo corazón, como amigos para siempre.

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