20 feb 2020

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El Ayuntamiento de Mataró, en una imagen tomada este domingo por la tarde.

J. S.

Siempre nos quedarán los municipios

Xavier Amor

¿Por qué los ayuntamientos son, con diferencia, la administración pública mejor valorada por la ciudadanía? No me lo pregunto porqué este domingo es el Día de los Municipios, ni porqué en poco más de un mes tendrán lugar las Elecciones Municipales. Me lo pregunto porqué me preocupa el desamparo económico, social y político que está sufriendo la ciudadanía con las mal llamadas “Administraciones Superiores”, que desde la atalaya de su despotismo ilustrado, dedicadas a mono-temas financieros (Todo por la deuda, pero sin el pueblo) e ideológicos (todo por el pueblo, pero mientras tanto…), han convertido a los municipios en la última trinchera de defensa de la calidad de vida –eso es a lo que me refería antes–, de la dignidad de las personas.

Los excesos de tecnocracia, paternalismo y mesianismo de los actuales gobiernos estatales y autonómico, han dejado en el olvido las necesidades más básicas de las personas: la salud, la educación, la vivienda, la comida, y han llevado a los despachos de los alcaldes y alcaldesas (no al de los de presidentes, ministros ni consejeros), imágenes de gente llorando por falta de vivienda o de comida (sí, ¡de comida! en el pleno siglo XXI donde muchos van con dos móviles) que pensaban que no las veríamos nunca, porque pertenecían a otro tiempo o a otro mundo.

Hay quien, hoy en día, todavía no las ve, porque mira hacia otro lado. Pero, como he dicho antes, los municipios, los ayuntamientos, las alcaldesas y alcaldes, las concejalas y concejales, no nos dedicamos a la política de salón, sino a la política de calle. Y la realidad de la calle es tan descarnadamente innegable que, desde hace años, los gobiernos municipales no tenemos otra prioridad que tapar los agujeros que el resto de administraciones están dejando, para garantizar que los ciudadanos puedan comer, dormir a cubierto o llevar a sus hijos a una guardería. En definitiva, que puedan tener "el lujo" de una vida digna.

Después de seis años de profunda crisis mundial; después de seis años en los que todos los países de Europa están intentando encontrar el camino del crecimiento económico y la creación de empleo; después de seis años en los que los gobiernos han desarrollado, con escasos resultados, todo tipo de políticas económicas, parece que el Estado y la Generalitat han encontrado no una, sino dos soluciones a todos los problemas: rebajar la prima de riesgo y ser un estado plenipotenciario (central o independiente).

Pero mientras la prima de riesgo baja a costa del desempleo y los salarios, y los debates mesiánicos de un mañana mejor se eternizan, el tiempo pasa, el tiempo se pierde, y la dura realidad social y económica (la de hoy, no la del futuro) sigue sin afrontarse. El Estado y la Generalitat, inmersos en sus guerras fiscales, continúan con la política de recortes, de espaldas a las verdaderas necesidades de las personas. Recortan sanidad, recortan educación, recortan servicios sociales, recortan y recortan... hasta el punto de que la ciudadanía llega a cuestionarse si estos políticos realmente los representan.

Afortunadamente, estas guerras a espaldas de los ciudadanos no se están produciendo en los municipios, donde los ayuntamientos seguimos trabajando por el pueblo y con el pueblo. Quizá por eso somos la administración mejor valorada.