07 jun 2020

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Petrinsky, tumbada (Penthesilea), Montalvo (Prothoe) y Hubeaux (gran sacerdotisa), en ’Penthesilea’, ópera de Pascal Dusapin estrenada en el teatro de La Monnaie (Bruselas).

FORSTER / LA MONNAIE DE MUNT

Una amazona monstruosa y brillante

Rosa Massagué

El teatro de La Monnaie estrena 'Penthesilea', la última ópera del compositor Pascal Dusapin

La mitología clásica está plagada de historias bárbaras, brutales. Una de ellas es la de Penthesilea, la reina de las Amazonas. Es un compendio de amor y muerte llevado hasta las últimas consecuencias. El dramaturgo romántico alemán Heinrich von Kleist (1777-1811) le añadió salvajismo en su obra teatral sobre la amazona haciendo que fuera la reina la que matara a Aquiles y no al contrario --como sucedía en la versión clásica--, y luego devorara su cuerpo. No es de extrañar pues que el personaje de esta reina aguerrida, pero monstruosa, haya captado escasa atención musical.

El compositor francés Pascal Dusapin (1955) se ha atrevido con el tema. Acaba de estrenar su 'Penthesilea' en el teatro de La Monnaie, en Bruselas, y firma el libreto junto a Beate Haeckl. La ópera está basada en la obra de Von Kleist, un texto que el músico considera actual pese a su aparente anclaje en un mundo arcaico. Según sus propias palabras, "su bestialidad sigue emplazando el mundo que nos rodea". 

Coincidiendo con las representaciones, una noticia le daba plenamente la razón en el sentido más atroz. Un muftí desmentía haber hecho una fatua autorizando a los hombres a comerse a sus esposas en caso de hambruna.

Volvamos a la ópera. En 'Penthesilea' hay, ya se ha dicho, amor y muerte, Eros y Tanatos. Pero uno y otro no serían posibles si no hubiera también engaño, traición, violación de unas leyes, dolor y obsesión. En plena guerra de Troya, el griego Aquiles es el enemigo contra el que luchan las amazonas. Su reina debe vencerle y al mismo tiempo poseerle para consumar un amor enloquecido que solo lleva a la destrucción de ambos.

La historia es atroz, salvaje, de un primitivismo a ras de suelo. Es oscura e irracional. Parece estar en contradicción con la obra de un compositor cuya música, muy depurada, es un ejercicio de elaboración altamente intelectual. Pero Dusapin, discípulo de Olivier Messiaen, Iannis Xenakis y Franco Donatoni, no ha dejado de darle vueltas al tema a lo largo de varias décadas.

El resultado es una partitura brillante. Va de la transparencia íntima, de la poesía inicial que nace de un arpa solitaria, a la oscuridad y fuerza de una percusión potente apoyada por una gran sección de cuerda, además de maderas  y metales. Hay también exotismo gracias a un címbalo y unos pasajes muy descriptivos en las escenas de guerra y en el disparo de la flecha que matará a Aquiles conseguidos con música electrónica.

El compositor no se lo pone fácil a las voces, en particular a la de Penthesilea, interpretada por la mesosoprano Natascha Petrinsky quien, en la representación del 7 de abril, tras unas vacilaciones iniciales, atacó su parte con toda la sensibilidad y dureza que exige la partitura. Prothoe, la confidente de la protagonista, era Marisol Montalvo. Dusapin ha escrito varios papeles para el barítono Georg Nigl. También el de Aquiles y se nota la perfecta adecuación de la música a su voz. Werner van Mechelen era Ulises, y Eve-Maud Hubeaux, la gran sacerdotisa.

Frank Ollu es un director experto en música contemporánea. Ha estrenado, por ejemplo, obras de George Benjamin y es un buen conocedor de la música de Dusapin de quien ha dirigido otras obras con anterioridad. Ahora ha dirigido a la Orquesta Sinfónica y los Coros de La Monnaie en el debut mundial de esta ópera, una orquesta habituada también a la ópera contemporánea. Hasta aquí, lo mejor con diferencia de esta 'Penthesilea'. Donde falla es en la puesta en escena.

Originalmente debía ser Katie Mitchell, autora de la celebrada dirección artística de 'Written on skin', de Benjamin, quien se hiciera cargo de la obra de Dusapin aunque renunció. Pierre Audi asumió el proyecto en un segundo momento y quizá debido a esta circunstancia el resultado resulta decepcionante. En realidad la dirección artística parece limitarse a un movimiento de actores  pretendidamente trascendente que lo hace pretencioso dejando que todo el peso recaiga en la oscuridad reinante y en los decorados, aunque en este caso la palabra más adecuada sería la de una instalación artística.

Dicha instalación es obra de la escultora belga Berlinde De Bruyckere. En sus obras utiliza normalmente cera, tejidos, piel de caballo y madera. En 'Penthesilea', no es mala la idea de utilizar pieles de caballo apiladas en el escenario o colgadas como expresión de la muerte y la violencia que entraña la obra. Sin embargo, la idea no es suficiente para trasladar al escenario la brillantez de la partitura de Dusapin. Una lástima.