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Durante décadas Renfe era sinónimo de retrasos, hasta tal punto que los guasones atribuían a esta propiedad la R de su nombre. Hoy sigue habiendo retrasos de una intensidad variable según los corredores: escasos en los que yo uso a diario, pero sostenidos en las líneas que llegan a Barcelona desde Tarragona, aunque sin la repercusión de antaño. Los servicios de Renfe son hoy infinitamente mejores que los de hace 40 años.

Pero cuando se comparan los servicios de Renfe con los de Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC), la distancia entre lo que unos y otros ofrecen es sideral. En FGC todas las estaciones están adaptadas y son agradables, los trenes son puntuales, apenas hay vandalismo, el personal está preparado para atender cualquier demanda con una excelente información, y se ha conseguido lo que nadie más ha logrado en Europa: hacer circular trenes (entre Gràcia y Catalunya) con un intervalo de paso de 1 minuto y 50 segundos con la precisión de un reloj suizo. En el caso de Renfe sucede lo contrario: retrasos estructurales en varias líneas, problemas de incivismo, ausencia de personal, información precaria... Sin embargo, deben señalarse también sus ventajas: una enorme capacidad de transporte, buena velocidad y bajos costes de explotación. Pero incluso a pesar de estas ventajas, sus usuarios sueñan con que algún día Renfe tenga la calidad que ofrece hoy FGC.

Infraestructura anticuada

El lector seguramente se preguntará: ¿y esto por qué es así? Hay dos razones, una principal y otra de orden menor. La más importante es que la infraestructura sobre la que circula Renfe está anclada en los años 80 del siglo pasado. Excepto en nuevos trenes y la estrictamente indispensable por razones de seguridad, apenas ha habido inversión. La señalización de la vía -lo que marca la capacidad- es pobre y no permite frecuencias inferiores a los cinco minutos (en FGC es la citada de un minuto y 50 segundos) en los túneles de Barcelona, las estaciones están descuidadas, son poco accesibles y la fiabilidad del servicio es baja. La diferencia se explica porque mientras que en FGC se ha invertido sostenidamente desde inicios de los años 80, hace ya 35 años, en Cercanías/Rodalies de Renfe no se ha hecho apenas nada sobre la infraestructura, porque desde hace 15 años el esfuerzo inversor se dirige a la alta velocidad.

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La segunda razón es el modelo de empresa. Renfe es una empresa antigua que presta más atención a sus derechos corporativos que a los intereses de sus usuarios.

Estas son las dos razones que permiten afirmar que el retraso de Renfe es histórico, nada menos que de 30 años. Poner al día el servicio obligaría a invertir 500 millones de euros al año solo en mejoras de lo que ya existe. Con eso, en una década el nivel de servicio de Renfe alcanzaría el de FGC, pero con una capacidad muy superior. Y como el Gobierno español no va desarrollar estos proyectos porque su interés está en otro lado, la única solución es que el Govern sea el responsable de la ejecución de estas obras y después pase por Madrid a cobrar, como ya están haciendo los ejecutivos vasco y andaluz.