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La rueda

Las líneas rojas

Enric Marín

¿Creen en Unió Democràtica que al Estado le basta con decir siempre 'no' para detener el proceso?

Una de las víctimas de la política entendida como representación mediática es el lenguaje. A menudo, el lenguaje deja de servir para otorgar significado preciso a la realidad social. El tráfico de conceptos y mensajes basados ​​en tecnicismos, supuestos, implícitos, sobreentendidos, frases hechas o tópicos, termina construyendo una especie de realidad paralela que solo ocasionalmente entra en contacto con la realidad vivida. Uno de estos conceptos es el de línea roja. Se trata de un calco del inglés (la delgada línea roja) de origen militar, que sirve para marcar los límites de una acción; lo que no se puede traspasar.

Recientemente, los líderes de Unió Democràtica lo han utilizado en relación al proceso soberanista catalán. Las líneas rojas serían no salir de la Unión Europea (UE), que los catalanes voten en una consulta acordada con el Gobierno español «porque cualquier salida debe ser democrática», y que no se haga una DUI. Aparte del uso inadecuado de la expresión, el problema de fondo es que estas declaraciones no tienen sentido. Solo lo tendrían si existiera una reivindicación independentista antieuropeísta o una negativa de los soberanistas catalanes a negociar el ejercicio del derecho a decidir con el Estado español.

Pero la realidad es exactamente la contraria. El independentismo catalán pide una ampliación interna de la UE, y el Estado español se ha negado sistemáticamente a negociar el ejercicio del derecho a decidir de los catalanes.

Así pues, ¿qué es inaceptable? ¿Quién no puede traspasar qué límite? ¿El Estado? ¿Los independentistas catalanes? ¿Quieren decir los dirigentes de Unió que al Estado le basta con decir que no a todo para detener el proceso? Todos hemos entendido que las líneas rojas marcan límites al independentismo, no al Estado. ¿Cuál sería, sin embargo, el precio de estas líneas rojas autoimpuestas?

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