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Elecciones en el Reino Unido

'Borgen' en la política británica

Carlos Carnicero Urabayen

La serie danesa , similar a 'House of cards', ilustra la campaña más abierta e impredecible de la historia

'Borgen', la popular serie danesa, una especie de 'El ala oeste de la Casa Blanca' o 'House of cards' en versión nórdica, ilustra bien algunas de las características de los sistemas políticos continentales. Las coaliciones de gobierno, formadas por varios partidos, son habituales. Gobernar es complicado puesto que exige concertar las políticas de manera constante y repartir el juego entre los múltiples socios. La experiencia puede resultar caótica, si los participantes no comparten una agenda clara, o profundamente democrática y positiva, si el Gobierno logra reflejar mejor con sus políticas la pluralidad del electorado. La incertidumbre sobre quienes formarán el Ejecutivo es siempre mayor.

El Reino Unido, cuyo sistema electoral mayoritario se ha encargado durante décadas de evitar la fragmentación de su sistema de partidos, vive su particular 'momento Borgen'. La serie ha sido convenientemente emitida por la BBC, por lo que el elector británico debería estar preparado. O quizá no. Nunca ha habido en las últimas décadas una campaña tan abierta e impredecible. Los sondeos insisten en que ni los conservadores del primer ministro David Cameron, ni los laboristas liderados por Ed Miliband, lograrán una mayoría absoluta el próximo 7 de mayo. Ni siquiera acompañados de otro partido menor será posible. Harían falta al menos tres. Desde 1924, el partido que ha ganado las elecciones ha sido quien ha formado gobierno. Ni siquiera eso está ahora garantizado.

Alertar a los electores del caos

El riesgo de una coalición desordenada y algo exótica es el principal arma de ataque del primer ministro Cameron. Su estrategia se centra en alertar a los electores del caos que supondría una coalición múltiple, que podría incluir partidos tan diversos como el laborista, los nacionalistas escoceses (SNP), los verdes y los galeses (Plaid Cymru). Todos comparten relativamente una idea opuesta a la austeridad de Cameron. Pero poco más.

Fueron precisamente los conservadores quienes insistieron en que el único debate electoral previsto, celebrado el pasado jueves, fuera al más puro estilo Borgen: con siete partidos representados por sus respectivos líderes. Cameron se situó en un extremo y se presentó como un hombre de Estado indiferente ante la cacofonía de los pequeños. Pero los límites de su estrategia son evidentes: él mismo necesitará compañía para gobernar, a no ser que lo haga en minoría. Ni siquiera con su actual pareja de baile, los liberales de Clegg, sumarían mayoría absoluta.

Cameron, al estilo Rajoy, presenta su continuidad como la mejor garantía de que no se van a poner en riesgo los logros económicos -«si gobiernan los laboristas, volveremos a la casilla de salida»-. Hace unos días 100 empresarios publicaron una carta en el 'Daily Telegraph' en que alertaban del peligro que suponían los laboristas para la economía. Es un argumento, sin embargo, poco creíble. No porque muchos de los firmantes fueran también donantes del Partido Conservador, sino porque el giro a la izquierda que prometió Ed Miliband para ganar a su hermano David en la carrera por el liderazgo laborista hace cinco años ha sido, cuanto menos, matizado.

La polémica taza laborista

Los laboristas proponen medidas razonables como aumentar los impuestos para quienes más ganan, desactivar la bajada de impuestos para grandes empresas y reducir los de las pequeñas. Pretenden mejorar la gestión de la sanidad pública y combatir la precariedad de los contratos temporales.

Pero ha sido una taza de café promocional de campaña la que ha saltado las alarmas sobre la crisis de identidad que vive el partido. En ella se puede leer: Controles en la inmigración. Yo votaré laborista el 7 de mayo. El bochorno de muchos simpatizantes ha sido sonoro. La diputada laborista Diane Abbott ha tuiteado: «Esta lamentable taza es una vergüenza. Pero el problema real es que los controles a la inmigración sean una de nuestras cinco promesas electorales».

Cuanto más se parece la política británica a la europea, plural, fragmentada, pactista, más cerca se encuentra el país de salir de la Unión Europea. La mixtura entre modernidad y tradición, liberalismo y conservadurismo, forma parte de la esencia británica. Londres es de lejos la capital europea más cosmopolita. Sin embargo, una ola nacionalista se empeña en acusar a los inmigrantes del este de Europa de quitar puestos de trabajo a los británicos y de abusar de sus servicios sociales. El populismo del xenófobo Nigel Farage (líder del Partido por la Independencia del Reino Unido) ha calado en la agenda política y, si Cameron logra formar gobierno, tendrá su gran oportunidad en el 2017 cuando se celebre el referéndum sobre la permanencia en la UE.

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