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En las ciencias, como en la vida, a un diagnóstico equivocado le siguen soluciones equivocadas. Si el diagnóstico se mantiene puede deberse a que cambiar los modelos mentales es difícil o a que alguien se beneficia. O por ambas cosas.

Está ocurriendo con los programas de fomento de empleo, donde se perpetúan las recetas a pesar de su poca utilidad. ¿Por qué? Seguro que alguien saldrá beneficiado, pero aquí lo relevante reside en la dificultad de muchos de entender  que el mercado laboral está sufriendo un cambio profundo donde tanto las políticas como las estrategias personales de búsqueda de empleo de siempre encajan mal.

La empresa de intermediación laboral ODEsk explica de forma breve (en inglés) los principales rasgos de ese mercado emergente. Es posible que no les guste, pero es lo nuevo. Lo pueden visualizar aquí.

¿Y qué es lo que está emergiendo?  Las  empresas están recuperando la esencia del taylorismo-fordismo, descomponiendo las tareas en trozos y colocando en subasta parte de esas tareas en el mercado abierto. Crecen los sitios expertos donde se plantean problemas  puntuales  a la búsqueda del profesional que ofrezca la mejor solución a precio adecuado. Innocentive.com o Yourencore.com son dos referentes.

Lo que importa no es la persona sino sus competencias profesionales puntuales para tareas puntuales. En esa línea, las empresas van a presionar para que las contrataciones puedan ser instantáneas e intermitentes, según las necesidades de cada momento a través de contratos dinámicos y sencillos. Y aquí un dato para la reflexión. La duración media de los contratos en España ha pasado de 79 días en el año 2006 a 53 en el 2013.

Crecen en consecuencia las  empresas 'enjambre' en las que los equipos de trabajo se crean y deshacen rápidamente, con personas colaborando en varios proyectos. Una forma de trabajar  idónea para  las nuevas generaciones con capacidad  de adaptación rápida a tareas diversas  y creciente rechazo a la perseverancia, pero un ecosistema agresivo para los 'mayores', entendiendo por tales a  los que todavía creen en un trabajo estable.

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Se paga por lo que se aporta en cada momento, remunerando de forma distinta  cada tipo de tarea y el tiempo que se le dedica. Todos los tiempos no productivos, pausas puntales o  vacaciones, corren a cargo del trabajador.

Lo que emerge es un mercado poco regulado donde los individuos que mejor conocen y se adaptan a sus reglas sobreviven; un ecosistema donde lo colectivo y, por tanto, los sindicatos se adaptan mal. ¿Es bueno? Probablemente no, pero cualquiera que sea la respuesta lo importante es ser conscientes de que  ignorar o negar esa realidad emergente ayuda a su fortalecimiento. ¿Es lo que queremos?