La rueda

¿Quién quiere ser presidente?

La sensación de impunidad que da el palco de un club grande de fútbol debe ser imparable

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Siempre me ha intrigado saber cuál es la motivación real que impulsa a alguien a querer ser presidente de un club de fútbol. Me lo pregunto porque, así de entrada, no parece que esto vaya a ser ninguna aspiración vocacional. Los niños, de pequeños, en todo caso dicen que quieren ser jugadores o, como mucho, entrenadores. Así pues, descartado el motor vocacional, ¿qué puede buscar alguien que aspire, por ejemplo, a la presidencia del Barça o del Madrid? ¿Fama? ¿Notoriedad? ¿Dinero? ¿Poder? ¿Mejorar su posición social? ¿Ver cada domingo el fútbol desde el mejor lugar posible? ¿Hacerse amigo de los cracks e ir de marcha con ellos? Entre esta larga lista de hipotéticos motivos se deben encontrar, supongo, las motivaciones reales que han impulsado las candidaturas de los más célebres y destacados dirigentes del fútbol de estos últimos años.

Pero volviendo a la pregunta: ¿por qué alguien que es rico, requisito indispensable para entrar en este juego, puede querer este cargo? Dejo de lado, porque desconfío de ellas, las razones patrióticas, de entrega altruista y de servicio público, habituales entre los que se dedican a la política pero poco aplicables al mundo del fútbol. Después de mucho pensar, solo encuentro una respuesta plausible: lo hacen para estar en el palco. Para estar en el palco y ser los anfitriones cada domingo de los personajes más poderosos e influyentes de la sociedad catalana y española. Lo hacen porque siendo el centro del mundo político, financiero, cultural y deportivo todo debe ser más fácil y la sensación de impunidad debe ser imparable. Solo así se explicarían determinadas actuaciones que han acabado en los juzgados. Bueno, esto por lo que se refiere a lo que ocurre hoy en Can Barça. En Madrid todo es diferente, allí parece que están más tranquilos... Quizá es que lo han hecho mejor, o quizá todo se reduce a que su palco es el doble de grande y poderoso.