ANÁLISIS

Derecho a decidir, adiós

Por este camino, no veo cómo se puede acreditar la legitimidad de la secesión unilateral

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Hace poco que se ha hecho público el acuerdo de las organizaciones que forman la mesa de las fuerzas políticas y sociales para el Estado propio, que puede considerarse un elemento que configura lo que se conoce como "hoja de ruta hacia la independencia". Lo que yo he entendido, y quisiera comentar, es que para los que lo firman basta simplemente con "una mayoría parlamentaria" de fuerzas soberanistas para comenzar un proceso de secesión unilateral.

El acuerdo se divulgó por la noche, cuando todos conocíamos, por la encuesta del CEO, que la opinión de los contrarios a la independencia superaba en cuatro puntos a la de los partidarios. Imagino, pues, que los redactores del acuerdo habían considerado el supuesto de que las elecciones del 27 de septiembre tengan una mayoría de diputados favorables a la secesión, mientras que una mayoría de votos populares puede haber ido a fuerzas no independentistas. Pues bien, esto puede ser irrelevante, porque basta con una mayoría de escaños. Ni siquiera es necesario que sea una mayoría reforzada de dos tercios, como la necesaria para aprobar una ley electoral.

Por este camino no veo cómo se puede acreditar la legitimidad de la secesión unilateral. ¿Cómo puede invocarse desde el Parlament la fuerza democrática de la voluntad de un pueblo cuando los votos populares no avalan lo que decide la mayoría de los diputados? En estas condiciones, es muy osado suponer una ola de simpatía democrática internacional más favorable a la mayoría de diputados que a la mayoría de los electores. Hubo un tiempo en el que proliferaron los ensayos sobre el "derecho a decidir", muchos de ellos obra de eminentes politólogos y juristas. El interés bajó considerablemente tras el 9-N, hasta el punto de que Oriol Junqueras declaraba el pasado 20 de diciembre, en Catalunya Ràdio, que el derecho a decidir correspondía a una etapa superada. Aunque quizá no del todo, porque el 6 de marzo se reunió el Pacte Nacional pel Dret a Decidir y me parece que no faltó una representación de ERC. En todo caso, es significativo que de esa reunión no saliera la consideración de las elecciones del 27 de septiembre como unas elecciones "plebiscitarias", donde el voto sería equivalente al ejercicio del derecho a decidir.

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Respetando a los que la han configurado, estudiado y asumido, era escéptico sobre el interés de un concepto de quien no acababa de ver los elementos esenciales. Cuando se habla de derechos, saber quién es el titular es fundamental, así como saber si el titular puede delegar el ejercicio. En cuanto al derecho a decidir, me parecía entender que era el pueblo de Catalunya el titular, y que solo podía delegar su ejercicio de forma explícita.

Estimado derecho a decidir, me temo que no eres imprescindible. A la independencia se puede llegar sin ti, por lo que se ve. Sé que de las fuerzas dominantes en Madrid no esperabas gran cosa. En algún momento, Íñigo Errejón, de Podemos, te había dado esperanzas, pero Monedero te ha rebajado las expectativas. De algunos de aquí, sin embargo, que te invocaban a menudo, creo que no esperabas que te dejaran de lado. Lo siento.