Análisis

Hacerse el macho en tiempos de crisis

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Un estudio reciente sobre percepción de la violencia machista nos indica unas tendencias bastante negativas: sobre si es aceptable la violencia en la pareja, el 8% de la gente joven cree que se trata de un hecho inevitable, o justificable en algunos casos. Solo el 4% de la generación intermedia opina así; y en todas las preguntas relativas a diversos aspectos de la violencia machista se confirma la misma tendencia, contraria a lo que se habría podido esperar: las personas que tienen entre 16 y 39 años de edad se muestran más conservadoras que las de 40 a 59, que habían progresado mucho con respecto a la gente mayor.

Los datos confirman comportamientos que se manifiestan cada vez más a menudo: aumento de los controles de los chicos sobre las chicas, exigencias de prestaciones sexuales de riesgo, agresiones si se resisten... Con comportamientos sorprendentes: ¡chicas que cargan las mochilas de los chicos para hacerles el camino más fácil! Es decir, que aceptan obedecer, plegarse al deseo de los compañeros, sin protesta. La galantería no era sino una máscara de la dominación, pero impedía algunos abusos. Desaparecida, todo vale, y quien manda, manda.

En los institutos, el máximo número de agresiones se produce entre los chicos, pero ellos no suelen quejarse, es una forma de relación entre hombres, casi la única que les está permitida; lo que escandaliza no es que se agredan, sino que se abracen. ¿Qué podemos esperar, pues? Después vienen las agresiones de chicos a chicas: físicas, verbales, sexuales. Ellas sí que se quejan, porque no confunden el golpe con el cariño, pero acaban pensando que ellos son así, y raramente responden. Solo con insultos, a veces. Y ahora también agresiones de chicas a chicas, un fenómeno casi nuevo, de imitación de la conducta masculina, modelo dominante y considerado superior.

Producto de un tiempo y de un país

Me diréis que no son todas ni todos, de acuerdo. Pero todo el mundo es producto de un tiempo y de un país, antes como ahora y es lastimoso ver cómo, en lugar de progresar, vamos atrás. El último informe Pisa, publicado estos días, nos muestra cómo han bajado los proyectos de los chicos con respecto a las expectativas profesionales. ¿Cuando no se vislumbra ninguna posibilidad de trabajo estimulante, cuando ven a sus padres parados y profundamente desanimados, como pueden sentirse triunfadores, sino es sintiéndose superiores a sus compañeras? ¿Como pueden hacerse el hombre, en una sociedad que no les da ninguna oportunidad, sino es imponiéndose a personas aún más débiles? No justifico ninguna violencia, que quede claro, pero hay que entender el origen, si queremos evitarlas.

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Y en cuanto a las chicas, la lucha por la autonomía personal también parece cerrarse: para poder decidir sobre tu vida, necesitas un buen trabajo. Que ahora no se ve por ninguna parte, sobre todo entre la clase trabajadora. ¿Qué apuesta les queda, sino la del príncipe azul que todo lo solucionará y al que hay que entregarse pase lo que pase?

Los viejos estereotipos, que íbamos superando por adaptarnos a una sociedad diferente, sin modelos impuestos, más libre, retornan entre la gente joven, remachados, de vez en cuando, por obispos e imanes. Todavía otro retroceso que nos deja la crisis.