02 dic 2020

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Artur Mas, junto a la líder de la Joventut Nacionalista de Catalunya (JNC), Marta Pascal, ayer en Mataró.

ACN / MARIA BÉLMEZ

¿Dónde estáis, mujeres jóvenes?

Sílvia Requena

No puedo evitar sentirme afectada cuando en determinados foros políticos escucho que a partir de ahora hay que promover la meritocracia por encima de la paridad. Como si el mérito estuviera reñido con ser mujer. O como si hubiera alguna clase de incompatibilidad entre ser mujer y acceder en condiciones de normalidad en el liderazgo de las organizaciones políticas. Dicho de otro modo, es como si la irrupción de las mujeres en la alta dirección de los partidos políticos o de las organizaciones políticas dependiera de la concesión efectuada por alguien que ya estaba y tenía el poder de admitirte.

Este comportamiento, más propio de los clubes privados, curiosamente, se hace más significativo cuando se produce en el seno de los partidos. Se trata de comportamientos que tienen mucho que ver con la llamada "partidocracia" o forma plutocrática de gobernar las organizaciones políticas.

Esta cuestión, bien sabida por toda la generación de amigas que hoy cruzan el rubicón de la vida, me mueve a tener que confesar una cierta desazón que me ha producido la noticia de que este fin de semana ha girado en torno a la Joventut Nacionalista de Catalunya. La JNC, organización política juvenil importantísima en nuestro país, que nació en la Segunda República española y fue retomada a partir del año 1980 por muchos jóvenes comprometidos con la causa catalana desde muchas filas políticas y principalmente de CDC, ha celebrado su congreso bianual.

En esta organización, me he estido reflejada durante toda mi juventud hasta el punto sentirme como una segunda familia y, cuando me incorporé a su dirección, solo habia dos mujeres. Sin embargo, en su favor, he decir que la JNC consideró siempre justa la igualdad de oportunidades entre los hombres y las mujeres, adelantándose más de 20 años en la introducción de la paridad obligatoria en la ley electoral. En este sentido, la organización promovió la visibilidad de las mujeres en la alta dirección de la organización, haciéndola paritaria. Y esto, realmente se logró gracias al trabajo de muchas mujeres pero sobre todo, para la comprensión y convencimiento de los dos líderes de entonces, Josep Rull Carles Campuzano.

Concluimos que, a pesar de considerar legítima la finalidad de consecución de la igualdad efectiva entre hombres y mujeres en el liderazgo político, resultaba razonable la apuesta por el régimen de discriminación positiva hasta alcanzar la composición equilibrada de los géneros en un mínimo del 40% de representación de cualquiera de los dos. Desde entonces, la JNC ha podido exhibir no solo un sentido de avance en el que resultó obligado por ley electoral a partir del año 2011, sino de justicia y equidad que nadie puede refutar hacérselo.

¿Qué puede estar pasando cuando después de transcurrir más de dos generaciones y de haber alcanzado incluso el liderazgo de la organización por una mujer, aceptamos que los 21 miembros de la nueva dirección de la JNC, solo se integran 3 mujeres.

Solo una cosa puede estar pasando: un más que cuestionable retroceso que significa tan solo un 14,3% de mujeres qué talento, si no se centrifuga antes de tiempo, podrían incorporarse al futuro de Catalunya.

Creo que un nuevo Estado catalán no puede permitirse una pérdida y un activo tan necesario como importante. Porque si hablamos de soberanía, lo tenemos que hacer con mayúsculas. Soberanía es democracia. Y no podemos permitir que algunos vicios de la partitocracia las desplacen.

No es una cuestión de cantidad, sino de calidad democracia. Los estilos de liderazgo masculino y femenino, claramente complementarios, son representativos de la acción y de la persuasión. De la transacción y de la transformación. Del ejercicio del poder y de la autoridad. De la gestión y de la comunicación. De la protección y de la solidaridad. Y así hasta una infinita alternancia de palabras, todos ellos igualmente necesarios para la vida en común. CDC debe promover en los próximos meses muchos y profundos cambios. Puede hacerlo sabiendo que las futuras generaciones se comprometen activamente en estos nobles objetivos, o hacerlo, con la incertidumbre de no haber sabido explicar bien la necesidad de la igualdad de oportunidades que tanto reivindica la sociedad catalana actual.

Apostar por gestos claros que nos determinan como organizaciones políticas modernas con capacidad de romper esquemas propios de la transición catalana sería, en mi opinión, lo más prioritario.

Y entonces, cabe preguntarse, ¿dónde estáis mujeres jóvenes?