Ir a contenido

Los sábados, ciencia

Llevemos la ciencia a escuelas y barrios

Manel Esteller

Hay que trabajar para que el interés por la investigación se extienda más allá del ámbito universitario

Cuando era adolescente, tenía un póster de una preciosa Marilyn Monroe con un vestido de plumas rojas pegado a la cabecera de mi cama. Pocos años después también guardaba como un tesoro un librito que recogía en forma breve (los científicos lo llamamos abstract) los últimos hallazgos en biología molecular de científicos locales que trabajaban en el extranjero y que también incluía las fotos de los autores. En ellas hoy reconoceríamos a un entonces descamisado Mariano Barbacid o un jovencísimo Joan Massagué. Y en el armario del estudio había una vieja biografía de Fleming, mientras que en la estantería de mi habitación estaba la magnífica Introducción a la ciencia de Isaac Asimov. Esta descripción de un lugar donde se desarrollaba un investigador se ha adaptado hoy a las nuevas tecnologías, pero creo que no difiere demasiado de las habitaciones de los chicos y chicas que se quieren dedicar a la investigación en un futuro próximo. Pónganle Instagram, Photoshop y Youtube y la receta tendrá el mismo sabor.

Esta introducción tiene que ver con la vocación científica de las nuevas generaciones y con qué podemos hacer para estimularla. En mi caso fue la mezcla de un buen profesor de química, un premio temprano dado por la CIRIT (Comissió Interdepartamental de Recerca i Innovació Tecnològica) de la Generalitat y un buen amigo que también disfrutaba con la ciencia. Y tras la carrera universitaria, un investigador que me hizo caso para ayudarle en sus experimentos, una ayuda económica de la Fundació d'Estudis Ilerdencs y poder compartir unos momentos con investigadores reputados gracias a las jornadas de iniciación a la bioquímica de Sitges organizadas por el doctor Joan Guinovart, actual director del Institut de Recerca Biomèdica (IRB). Por lo tanto, ¿qué se necesita para estimular una vocación científica? Buenos modelos, palabras de aliento y apoyo económico.

Pensaba sobre todo esto en dos actos recientes a los que han tenido la amabilidad de invitarme: la entrega de las ayudas de la Fundació La Caixa-La Pedrera a los mejores estudiantes de selectividad que están ahora en el primer curso de la universidad y el acto del Programa Amgen-Teach de la Fundació Catalana per a la Recerca i la Innovació (FCRI) con la colaboración del Departament d'Ensenyament. Son ejemplos de reconocimiento público y privado hacia los buenos estudiantes y los buenos docentes de los institutos. También podemos poner como ejemplos de estas necesarias actividades para captar y estimular las carreras científicas entre los jóvenes el excelente programa Bojos per la Ciència en sus modalidades de bioquímica (Universitat de Barcelona), biomedicina (IRB), economía (Centre de Recerca en Economia Internacional), nuevas tecnologías (La Salle-Universitat Ramon Llull), química (Institut Català d'Investigació Química), matemáticas (facultades de Matemáticas de varias universidades) y naturaleza (Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals de la Universitat Autònoma de Barcelona). Y también la labor meritoria de la Obra Social de La Caixa con sus competitivas becas de posgrado para la ampliación de los estudios en el Estado o en el extranjero en etapas posteriores. Debería haber muchas más iniciativas como estas.

Pero debemos ir más allá. No solo encender la chispa y el cosquilleo de la ciencia en estos jóvenes en la escuela, el instituto y la universidad, sino despertar el deseo de investigar y hacer conscientes de la necesidad de la investigación como herramienta transformadora y enriquecedora de una sociedad a los no estudiantes. Es decir, debemos llevar la ciencia a los barrios. Y se necesita también la suma de esfuerzos privados y públicos para contribuir a que el mundo de la investigación, el apasionante universo de los descubrimientos, llegue a los centros cívicos, a los hogares de ancianos, a las asociaciones de vecinos...

Los centros de investigación deben intentar abrirse a su entorno cotidiano más cercano para explicar qué están haciendo y colocar la investigación también como un puntal básico del Estado del bienestar. Nosotros, desde el Institut d'Investigacions Biomèdiques de Bellvitge, ya hemos hecho parte de este camino, como con el programa Pessics de Ciència en L'Hospitalet de Llobregat. Pero debemos hacer más. La iniciativa de la Setmana de la Ciència es una buena idea para acercar la labor investigadora a los ciudadanos, pero tenemos que ir más allá al explicar nuestro trabajo a las restantes personas y debemos hacerlas partícipes de nuestros hitos. Más jornadas de puertas abiertas en los centros de investigación, más charlas divulgativas por las ciudades y pueblos.

De todo esto los americanos saben mucho, y además le ponen nombres fashion como outreach o going the extra mile. Pero aquí, un país pequeño acariciado por un mar pequeño, lo podemos decir de forma más sencilla: ¡llevemos la ciencia a las escuelas y los barrios!