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El futuro del socialismo español

¿Podrá el PSOE ser escuchado?

Carlos Carnicero Urabayen

El prejuicio ciudadano hacia un partido que se considera que ha perdido la credibilidad resulta letal

La principal tarea del PSOE, hasta hace poco, era ganar elecciones o, en el peor de los casos, obtener un resultado que le permitiera liderar la oposición en condiciones de fortaleza. Una época dorada para un partido centenario que se enfrenta ahora a lo peor: dejar de ser relevante. Los acontecimientos adversos no dejan de repetirse. El hundimiento de los socialistas griegos (sexta fuerza) ha dado paso al Gobierno de Syriza, hermano heleno de Podemos. El partido de Pablo Iglesias supera al PSOE en la encuesta del CIS. La sombra de ser tercero comienza a ser alargada, y por las dinámicas de voto útil que tanto ha sufrido Izquierda Unida, la pendiente puede ser empinada. Sin olvidar la eterna sombra de los ERE en Andalucía y la conspiración contra Pedro Sánchez de los mismos que le apoyaron.

Alguien podría observar que el primer objetivo del PSOE es la renovación de sus propuestas. Error. Hay algo que ha de ser resuelto antes. El PSOE debe recuperar su derecho a ser escuchado, sin el cual, aunque tuviera las mejores ideas para el país, nadie las tomará en cuenta porque no serán dignas de ser atendidas por los electores.

El libro de Michael Ignatieff Fuego y cenizas. Éxito y fracaso en política (Taurus, 2014) desarrolla esta idea, basada sobre sus conocimientos como prestigioso politólogo, pero sobre todo en su experiencia como líder del Partido Liberal de Canadá. El autor apunta: «El derecho a ser escuchado se ha convertido en la primera línea de combate en la política moderna. Ya no se atacan las ideas o posturas de un candidato. Se ataca lo que el candidato es». El prejuicio sobre un partido del que se considera que ha perdido la credibilidad es letal.

La estrategia de Podemos (con frecuencia más centrada en atacar al PSOE que al Gobierno, pues aspira a ocupar su espacio) encaja exactamente en la descripción de IgnatieffPodemos ataca lo que el PSOE es, no lo que propone. Según Podemos, el PSOE es igual al PP y forman una casta que es culpable de que el país se haya ido a pique. Por lo que representan, no merecen la atención ciudadana. Es un mensaje que ha calado porque tiene una parte de verdad, aunque sea simplificar una crisis con raíces más complejas.

¿Puede el PSOE recuperar su derecho a ser escuchado? Es injusto, pero de poco le sirve recordar lo que España le debe: la construcción del Estado del bienestar, la entrada en la UE y la profundización de los derechos civiles y sociales, entre otros muchos logros. La política acelera los tiempos del olvido y la compasión no convencerá a los electores para votar a una suerte de partido de la nostalgiaIgnatieff nos da una pista: «Los ciudadanos, para decidir en quién confiar, se centran en si el candidato es como ellos, si esa persona es representativa de él mismo. Los votantes se preguntan: ¿es esta persona (el líder) tal y como dice ser?». Los mensajes que ha lanzado Pedro Sánchez para presentarse ante los ciudadanos tratan precisamente de desarticular su supuesta pertenencia a la casta. Ha insistido en su condición de profesor de universidad y en que ha tenido vida profesional fuera de la política. Incluso ha dicho que durante una etapa envió el currículo varias veces y no tuvo respuesta. Como le ocurre a la gente normal. Es una actitud acertada que servirá de poco si no logra nutrirse de los más preparados, igual que cada empresa aspira a contar con los mejores. El olfato ciudadano es cada vez más sensible con la mediocridad y sabe buscarse repelentes. Ya no sirven los apaños. Es esperanzador el golpe de autoridad de Sánchez frente a Tomás Gómez (ignorado por los madrileños) y la llegada de Ángel Gabilondo como candidato para la Comunidad de Madrid. Un reconocido y solvente intelectual de los que precisamente faltan en el PSOE.

Pedro Sánchez se le agota el tiempo, con elecciones que pintan mal, pero sobre todo por los traidores que conspiran para derribarlo. En la selva de los partidos tradicionales, el interés de sus dirigentes suele ser el de conservar su statu quo, incluso a costa de que el barco se hunda. La única baza de Sánchez es cumplir con su palabra, ser escrupuloso con la corrupción (o su sospecha) para que los ciudadanos crean que quiere cambiar el PSOE y estén dispuestos a escuchar cómo cambiaría España. Por eso es difícil entender que no cumpla su palabra tras las imputaciones de Chaves y Griñán.

Un político inteligente, dice Ignatieff, sabe que lo único que puede hacer es explotar los acontecimientos en su propio beneficio. Pedro Sánchez, el político mejor valorado -según el CIS-, es probablemente la última bala que le queda al PSOE. ¿Podrá contagiar su buena imagen a su partido y lograr volver a ser escuchado? No queda mucho tiempo para saberlo.

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