La rueda

Intrusismo tertuliano

Los opinadores de la radio, que no gozan de un saber universal, se atreven a hablar de todo

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El poder de las tertulias radiofónicas es incuestionable. Si hacemos caso a los estudios de audiencia, más de un millón de catalanes las escuchan cada mañana. Por eso cada vez hay más, y su influencia en la opinión pública no hace más que aumentar. Tanto es así, que si yo me encontrara en la tesitura de tener que elegir la manera más efectiva y potente de llegar a la gente y tuviera que elegir entre publicar un artículo de opinión en un diario, salir en el Telenotícies o intervenir en una tertulia, me parece que, en función de lo que quisiera comunicar, me trago mis prevenciones contra el género y elegiría esta última opción.

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Y es que no tengo ningún problema en reconocer que yo también las sigo y que estoy tan enganchado como el que más. Lo estoy porque son un buen espectáculo y un buen termómetro del estado de ánimo y de opinión del país. Si las critico, desde la adicción confesa, es por la simple razón de que la mayoría de los tertulianos que escucho cada mañana son grandes expertos en algunas materias pero, evidentemente, su saber no es universal. El problema es que, a pesar de no saber de todo, hablan de todo y se atreven a opinar de todo.

Esta es la principal debilidad del género y creo que todos los que se dedican deberían tener cuidado con una reciente amenaza que cuestiona seriamente su credibilidad. Entre los muchos aciertos de Mònica Terribas en esta nueva etapa en Catalunya Ràdio cabe destacar la decisión de invitar, de vez en cuando, a un tertuliano esporádico al que hace compartir mesa con los profesionales habituales del género. Como oyente aplaudo la iniciativa porque son voces nuevas y frescas, pero, francamente, no sé qué pensarán el resto de tertulianos... Porque, ¿qué pasaría si el próximo partido del Barça Luis Enrique convocara a un futbolista esporádico y, como en las tertulias de Terribas, no desentonara en absoluto? Yo me preocuparía, ¿no?