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Hacienda somos... los de siempre

Enric Hernàndez

Poco dura la alegría en casa del asalariado. La pasada semana, millones de contribuyentes comprobamos que, merced al impacto que la rebaja del IRPF tuvo sobre las retenciones en las nóminas de enero, nuestro salario había experimentado el primer --aunque leve-- aumento desde que tenemos memoria. Pero la sonrisa se nos borró de los labios al divulgarse una ampliada 'lista Falciani', con nombres de miles de personas de España y del resto del mundo que ocultaron sus fortunas en las cuentas opacas del HSBC en Suiza. Al lado de las cantidades que estos venerados prohombres eludieron, evadieron o estafaron al fisco, el aguinaldo electoral que el Gobierno nos ha puesto en el bolsillo se nos antoja poco más que calderilla.

Presumiendo de conocer unos secretos tributarios que por ley debería ignorar, el ministro Cristóbal Montoro intenta tranquilizarnos con sus siempre inquietantes advertencias: los datos sustraídos del HSBC por el informático Hervé Falciani son solo «el aperitivo» de lo que Hacienda está investigando. No digo yo que no acabe viniendo el lobo, pero existe el riesgo de que, de tanto anunciarlo, las gallinas ahuequen el ala antes de ser desplumadas.

Amnistías encubiertas

Y si no, que se los pregunten a Juan Carlos Monedero, el cerebro financiero de Podemos, que mientras se proclamaba en paz con el fisco regularizaba de tapadillo su peculio bolivariano antes de que Hacienda pudiese sancionarlo. Flaco favor hicieron a las arcas públicas quienes por interés electoral filtraron el aún no aclarado cobro de Monedero.

La resurrección de la 'lista Falciani' también ha servido para forzar a la justicia a reabrir la investigación sobre la supuesta amnistía encubierta que el Estado otorgó a los primeros grandes defraudadores identificados en el 2010, que escondían en Suiza más de 6.000 millones de euros. En vez de inspeccionarlos, el Gobierno socialista les invitó a arreglarse con el fisco, con los que se ahorraron decenas de millones en multas y unos cuantos años entre rejas

El paraíso fiscal de esa minoría es el infierno fiscal de la inmensa mayoría. Aún resuena la mítica campaña: 'Hacienda somos todos'... los asalariados. Los de siempre.

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