29 mar 2020

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PALABRERÍA

Mi abuela comía de pie

Pau Arenós

Muerto. Hay días en los que lo mejor es hacerse el muerto. Y flotar sobre las cosas.

Abuela. Mi abuela comía de pie.

Moño. Ella comía mientras cocinaba, creo recordar. La veía con la cadera apoyada en el mármol de la cocina, que tal vez en aquella casa fuera una encimera de piedra, con un platito del que pellizcaba. La evoco vestida de gris, con el moño gris, muy trabajado, pero nada en aquella mujer era gris. ¿Por qué mi abuela comía de pie?

Sentar. Se lo he preguntado a mi padre. "Porque solo pensaba en los demás, no en ella. Quería que todo el mundo estuviese a gusto. Y como aquella cocina iba tan lenta, costaba calentarla, preparar los platos, servirlos... Prefería que todos estuviéramos bien servidos". Mi abuela comía de pie para que los demás pudiéramos estar sentados.

Centenaria. Es una de esas celebraciones de hermandad, familias que apenas se conocen se reúnen en torno a una mesa. Las hijas comparten equipo de balonmano. Una anciana de 103 años acompaña a una pareja. 103 años. Cuando ella nació, la primera guerra mundial aún no había comenzado. Dos guerras mundiales, una guerra civil, esta guerra de ahora que no se nota pero que mata: la mujer ha transitado por el dolor de dos siglos. Es menuda, parece que perdió la mayoría de los dientes, se afana con los embutidos, las patatas fritas de bolsa, las ensaladas, las croquetas, los buñuelos de bacalao. Come con un hambre de 104 años.

Plumilla. 'Je suis Charlie' ha acabado siendo postureo. Han hecho suyo el eslogan personajes a los que los masacrados dibujantes del semanario satírico hubiesen clavado dardos, o plumillas.

Cumpleaños. Cuando alguien abre un grupo masivo de WhatsApp, no tiene la consideración de pedir permiso para incluirte. Desvela tu teléfono a desconocidos. Ha organizado su cumpleaños y ese es el modo de anunciarlo, a ti y a otros 50 que no sabes quiénes son. Durante la tarde escuchas los latidos del 'smartphone', que avisa sobre los mensajes de este y aquel. La tentación es darte de baja, si bien todos, todos, los 50, pensarán que eres un maleducado. ¿Y el instigador del jaleo? ¿Se sentirá ofendido? ¿Eres diferente de los demás, eres mejor que los demás, eres uno de esos, picajoso, antisocial, alguien al que le disgusta la retahíla de boberías? Felicitas al cumpleañero y te largas, lleno de remordimiento y desazón.

Tarta. La mujer de 103 años también se zampa el pollo a la parrilla. Su nieto manipula los alimentos para que la centenaria los tome. Probablemente la hora de la comida sea la única distracción en la que la mujer coopera. Ver la tele es un acto pasivo. Comer requiere de participación. Llega el postre. La rodaja de piña es grande. Y la anciana la ataca como si fuera la última piña. El otro día vi una foto en la que estaba ante la tarta del 104 cumpleaños. Creo que se la habían hecho demasiado pequeña.