Análisis

¿Para qué Podemos?

Es una incógnita saber si en el partido hay quien quiere asaltar el cielo para proponer un cambio absoluto

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Para intentar analizar el impacto que Podemos puede acabar teniendo en la vida política española conviene explicar su origen y evolución en los últimos meses. Hace algo más de dos años, tras la aparición del 15-M y con Rajoy en la Moncloa, Izquierda Anticapitalista (formación marxista que anteriormente fue una corriente interna en IU) se propuso encontrar un líder mediático que les permitiera hacerse un espacio a la izquierda del PSOE.

En aquel momento los líderes de la formación fueron en búsqueda de Ada Colau (valorada por su tarea en la PAH), quien rechazó la oferta. Es entonces cuando el ahora político de moda, Pablo Iglesias (que ya era habitual en las tertulias), fue requerido para liderar la iniciativa. Tras una campaña que pasó inadvertida en los medios convencionales y con él a la cabeza, en mayo del 2014 Podemos irrumpió para sorpresa de muchos en el Europarlamento con cinco diputados.

Ante la expectación generada, y en el proceso de transformación de movimiento a partido político, surgieron las primeras tensiones entre los promotores de Izquierda Anticapitalista (IA) y el conocido triunvirato formado por Pablo IglesiasIñigo Errejón y Juan Carlos Monedero. Mientras los primeros querían aprovechar el momento para proponer y difundir un programa claramente anticapitalista, los segundos defendían que Lenin no se hizo popular por defender la revolución sino al prometer pan y trabajo. Para entender la estrategia basta ver la réplica que Iglesias dio al discurso del Rey en el 2013 con una bandera pirata de fondo. Preguntado por sus compañeros por qué no utilizaba la bandera republicana, respondió que la bandera pirata «une mucho más».

Entre esas tensiones, en junio del 2014 Monedero llegó a decir que en Podemos había quien estaba preparando un golpe de estado. Se refería a IA y a su lógica intención por controlar la organización y su estrategia. Culminado el proceso de conversión en partido, y una vez prohibida la doble militancia en los órganos de dirección, la incidencia de IA es nula y Podemos no ha cuestionado ni una sola vez los fundamentos del sistema de libre mercado en su discurso. ¿Por qué?

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En 1998 el periodista peruano Jaime Baily entrevistaba al entonces candidato presidencial venezolano Hugo Chávez. En la entrevista, Chávez negaba ser socialista, se mostraba partidario de «incentivar la inversión de capital americano», decía llevarse «muy bien» con los empresarios y se comprometía a «no ser autoritario». Ni rastro de ello. Eso sí, ¿su primera medida si fuera presidente? «Iniciar un proceso constituyente».

Es una incógnita saber si en Podemos hay quien quiere asaltar el cielo para proponer un cambio de orden absoluto, aunque no hayan criticado nunca las raíces del sistema capitalista. Sin embargo, la capacidad de transformación de Podemos en una España interconectada y miembro de la UE tendrá los límites que parece que ya se han autoimpuesto en el discurso oficial. ¿Es posible otro tipo de capitalismo? La respuesta afirmativa que tradicionalmente venía liderando la socialdemocracia estaría siendo impulsada gracias a una nueva izquierda que, como pasó en la Europa occidental con la Unión Soviética en el siglo XX, podría contribuir a consolidar el Estado de bienestar por miedo a que se desarrollara una alternativa.