Unas elecciones clave para el futuro europeo

Syriza, la alternativa sensata

Los mercados entienden que lo más sensato es una reestructuración ordenada de la deuda griega

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La democracia en Atenas nació junto con lo que llamaron la seisachtheia. Se perdonaron las deudas, se establecieron límites sobre la acumulación de la propiedad y se derogaron las leyes draconianas. La precondición para el avance de la democracia fue acabar con la relación desequilibrada y corrosiva entre acreedor y deudor. La historia parece que se repite. Este domingo se celebrarán elecciones en Grecia. La piedra angular de la campaña será el hecho -ampliamente reconocido por los economistas ortodoxos- que la deuda pública griega es insostenible. La cuestión principal es qué hacer ante esta situación.

Hasta ahora se ha negado la realidad propugnando la ficción que la deuda griega era asumible en su totalidad. Esta premisa anumérica ha servido para justificar una batería de políticas antisociales y contraproducentes. Grecia ha sido el laboratorio de la austeridad más extrema en Europa. El dolor ha sido innecesario. Ni se ha logrado reducir el volumen de la deuda, objetivo principal. Los extremistas que son los responsables de esta situación se llaman la troika, y han tendio la complicidad de una batería de políticos griegos.t

De hecho, y pese a su nombre, los actuales moderados son Syriza, la Coalición de la Izquierda Radical. Syriza ni propone una salida del euro ni una quita unilateral, pero sí una reestructuración de esa deuda griega insostenible. Lejos de proponer una ruptura, su apuesta es por el diálogo, la negociación y el pacto.

Se puede y se debe contrastar esta respuesta ecuánime con los últimos intentos de chantajear a los griegos para que sigan aceptando un régimen de austeridad a ultranza. Aunque se haya insinuado que se podría forzar a Grecia a salir de la zona euro, la coacción de los mercados financieros está cambiando de bando. Los mercados entienden que una reestructuración ordenada de la deuda es más sensata que una división catastrófica de la zona euro.

La excesiva carga de la deuda representa una serie de obligaciones fosilizadas que bloquean la recuperación. En lugar del crecimiento dinámico, la acumulación empieza a tomar su forma más primitiva, a través de la desposesión. Una ironía histórica sería que una victoria de Syriza, además de marcar un punto de inflexión en la crisis, también podría marcar un punto de inflexión para la recuperación del capitalismo europeo. Pero no sería porque no haya precedentes. Syriza actualmente ocupa un espacio que ciertos partidos de la socialdemocracia abandonaron y que no deberían haberlo hecho. Sus retos, los de Syriza, serán parecidos a los de los otros partidos progresistas que gobiernan en paralelo. Esto se debe en gran parte al hecho de que ningún país puede cambiar las reglas de juego en Europa de forma unilateral. Se puede estar en el gobierno pero no en el poder; sobre todo cuando se representa a un país deudor dentro del marco de la zona euro. Las instituciones pueden servir de palanca, pero los obstáculos (que son muchos) son muy difíciles de mover. Por eso es tan importante un respaldo popular abrumador.

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La crisis del euro ha dejado claro por quién doblan las campanas. Igual que podemos detectar cómo en España se restringen los derechos sociales de forma encadenada - primero se atacan a los inmigrantes, luego a los jóvenes,...- también se puede observar esta dinámica en Europa. El sufrimiento que se ha obligado a Grecia a padecer también se ha exportado. La solidaridad con Grecia no es solo una cuestión de principios; encima es lo que más conviene. Progresistas de todos los colores deberían estar deseando el éxito de Syriza. Y aunque Syriza podrá hacer de punta de lanza, también necesitará aliados en los gobiernos del continente, empezando por los socialdemócratas a los que busca suplantar. Una victoria suya evidenciará lo que ha sido la principal deficiencia de los partidos de izquierda en la crisis: ausencia de una estrategia europea conjunta. Se ha dado prioridad a los análisis nacionales y respuestas nacionalistas facilitando una decepción tras otra.

El reto inmediato ya no se limita a crear mayorías progresistas en un solo país. Ni se trata de una alianza de los países del Sur: alianza del Sur ya la hay cuando Rajoy hace campaña junto el primer ministro Samarás en Grecia. Hace falta crear una mayoría progresista alrededor de Europa. El alivio de las cargas sería un buen punto de convergencia para este propósito. Un gran acuerdo europeo sobre la deuda ofrecería una oportunidad para quitarse de encima gran parte del sofocante lastre del pasado y empezar de nuevo. Europa necesita una segunda seisachtheiaa partir de Grecia para su recuperación económica. Pero sobre todo, porque es la precondición para la democratización de la UE.