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AL CONTRATAQUE

Yo no quería escribir este artículo

Jordi Évole

Tengo la sensación que en Catalunya, en España, en Europa, los ciudadanos vivimos entretenidos en nuestro micromundo

Yo no quería escribir este artículo. Hubiese preferido escribir sobre los Pimpinela catalanes, Mas y Junqueras, o los Pimpinela del Barça, Luis Enrique Messi. Hubiese preferido escribir sobre cualquiera de nuestros culebrones informativos de andar por casa. Pero cuando la actualidad nos sacude como nos sacudió la semana pasada, esos culebrones parecen simples divertimentos. Tengo la sensación que en Catalunya, en España, en Europa, los ciudadanos vivimos entretenidos con nuestras cositas, nuestro micromundo. Puede ser un mecanismo de defensa para mantener una cierta calma, para seguir pensando que en nuestro ombligo de mundo estamos seguros. De vez en cuando esa seguridad se va a tomar por saco. Quedamos en estado de choque.  Comprobamos que somos más vulnerables de lo que pensábamos. Durante días vivimos con una cierta angustia, pero una vez pasado el impacto inicial, el suflé de la noticia se desinfla y volvemos a nuestro mundo. No tardaremos en pasar página del atentado en la redacción de 'Charlie Hebdo'. Y eso que durante unos días parecía que todos leíamos esa revista semanalmente, cuando en realidad el semanario pasaba por una situación económica muy difícil. Ese papanatismo es algo que también nos tendríamos que hacer mirar.

Yo no quería escribir este artículo porque me doy rabia: solo hablo de este tema cuando me toca relativamente de cerca. Cuando secuestran a un compañero como Marc Marginedas o cuando otros compañeros del gremio son asesinados en París. Habría podido escribir muchas otras veces, por ejemplo tras los habituales atentados Irak, NigeriaPakistán, Yemen o Siria. Pero no lo hice. Porque prefería seguir mirando a mi mundo. Como si eso que pasaba tan lejos nunca nos fuese a afectar.

Armas de distracción masiva

Yo no quería escribir este artículo porque solo lo escribo cuando le estoy viendo las orejas al lobo. Y encima ahora se le ven grandes. En la Europa sonámbula andamos estos días acojonados, porque nuestros principios corren peligro. Porque hay unos señores que le dan un valor a la vida que nada tiene que ver con el nuestro, por no hablar del valor que le dan a algo que ni conocen como la libertad de expresión. Su concepto de cómo tiene que ser el mundo está en las antípodas de lo que hemos construido aquí. No porque sean musulmanes, sino porque son terroristas. Un terrorismo desconocido, que usa las herramientas de nuestro entretenimiento: degüella en Youtube o mata a la luz del día para que los informativos repitan una y otra vez la imagen que remata nuestra calma. Yo no quería escribir este artículo porque la semana que viene volveré a escribir de nuestro micromundo. De esos temas que nos entretienen, de nuestras armas de distracción masivas. Y encima constataré que de eso sí que quiero escribir.