08 ago 2020

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El narcisismo de las pequeñas diferencias

Carles Campuzano

Comienza un 2015 trepidante desde el punto de vista político y decisivo para el futuro más inmediato del país. Durante los próximos días se verá si en Catalunya existe la inteligencia política que el momento que vivimos exige. De momento parece que no y que los prejuicios y las comodidades de lo conocido se imponen. No hay ganas de riesgo y menos de ser generoso y modesto. Todo lo contrario.

Lo que tocaría ahora, especialmente después del éxito de movilización sin precedentes del pasado 9 de noviembre, sería que toda la energía que una parte muy relevante y decisiva del país expresó encontrara la mejor formula para canalizar políticamente. Sin esta canalización, todo ello corre el riesgo objetivo de acabar debilitando la demanda democrática de soberanía y que se deje pasar la mejor oportunidad que este país ha tenido para ejercer su derecho a decidir.

Hace unas semanas, el profesor Borja de Riquer, en un coloquio promovido por la plataforma Sobiranistes d'Esquerra, nos recordó de manera brillante y pedagógica, los esfuerzos y los aciertos, también los fracasos, de la capacidad histórica del catalanismo de construir la unidad política en los momentos decisivos.

Desde la respuesta de la Solidaritat Catalana de 1906 a la Ley de Jurisdicciones hasta la creación de la Assemblea de Catalunya durante el tardofranquismo pasando por la campaña en favor de la autonomía de 1919 o el estallando éxito republicano en las elecciones municipales de abril del 31, los grandes saltos adelante del siglo pasado estuvieron acompañados de mayorías muy grandes y plurales, que supieron articular una fórmula política unitaria para hacer canalizar las demandas y los anhelos mayoritarios de la sociedad.

Desde este punto de vista, la fórmula concreta propuesta por el 'president' Mas es aquella que se acerca más y mejor a la unidad política necesaria para convertir unas elecciones al Parlament en un referéndum sobre la independencia de Catalunya por la nitidez y la simplicidad de su planteamiento. Ciertamente la debilidad de la propuesta del 'president' es que no permite evidenciar la pluralidad ideológica de los partidos soberanistas, pero diría que aquellos que tanto hacen hincapié en esta idea sufren ese síndrome que Freud supo definir tan bien como el "narcisismo de las pequeñas diferencias". Algunos tienen la necesidad de remarcar unas diferencias sobre el modelo de sociedad que realmente no existen. Y es que entre el polo de los partidos soberanistas (CDC, UDC y ERC), pero diría que incluso en la práctica real cuando ICV ha gobernado en el Ayuntamiento de Barcelona, las coincidencias en la defensa del modelo de sociedad existente en Europa (democracia parlamentaria, derechos humanos, pluralismo ideológico, libertades personales, libertad de empresa, derecho a la negociación colectiva, igualdad de derechos, Estado del Bienestar, política fiscal redistributiva, respeto al medio ambiente, compromiso internacional con el desarrollo...) son un amplísimo común denominador que justificaría un amplio acuerdo en unas elecciones plebiscitarias. Solo la CUP rompería esta lógica, aunque allí donde han gobernado tampoco han estado tan lejos de acomodarse al marco político existente en Europa...

Si no hay lista unitaria del polo soberanista, la campaña y el resultado electorales no serán sobre la independencia sino sobre las políticas que las diversas candidaturas proponen, ninguna de ellas alejadas del modelo europeo en esencia, pero con acentos, prioridades y perspectivas legítimamente varias ...

Si este es el escenario que algunos desean y es éste el que se acaba imponiendo, en CDC le toca ponerse las pilas y acelerar su proceso de aggiornamento, para que el país volverá a necesitar un catalanismo interclasista, con vocación de gobierno, capacidad de diálogo y voluntad de sumar y reagrupar la gente que defendemos el progreso para la mayoría de la sociedad.

Post publicado en el blog de Carles Campuzano