29 mar 2020

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Caballos de Troya

Joan Ignasi Elena

Escuché hace unos días al magnífico poeta Francesc Garriga explicar que Aristófanes, en una de sus 'Comedias' uno de los personajes le pregunta para qué sirve la poesía, a lo que respondió con contundencia: para que la gente viva mejor.

Probablemente esta es la causa fundamental por la que el proceso nacional que vive nuestro País ha obtenido un grado de adhesión y de movilización ciudadana sin precedentes. Como también la emergencia de movimientos como Podemos que expresan un anhelo de cambio ante el agotamiento de las opciones políticas existentes, a consecuencia de la crisis que afecta de forma dramática a centenares de miles de persones y la indignación ante la impunidad con la que la corrupción y la acumulación indecente de dinero actúan.

Mal orientados van los que ven en uno y otro movimiento, expresiones coyunturales que el paso del tiempo diluirá. Es confundir deseos con realidad, algo demasiado frecuente en la política y probablemente en la vida en general.

Rajoy y su Gobierno, y una parte relevante de les instituciones, partidos y de la sociedad española, han creído que la emancipación que reclama mayoritariamente la sociedad catalana, es una pesadilla que el paso del tiempo curará. Un soufflé que bajará, sólo se requería, decían, de paciencia y no moverse.

Los resultados son del todo elocuentes. Un Estado Español incapaz de entender la situación que se vive en Catalunya, y lo que es más grave desde su perspectiva, sin prácticamente capacidad de maniobra en estos momentos. Y con una parte cada vez mayor de catalanes que se sienten psicológicamente fuera de España.

Con esta falta de perspectiva política es como se aborda también por parte de muchos sectores políticos y institucionales, el fenómeno de Podemos. Absolutamente incapaces de analizar el inequívoco clamor ciudadano por el cambio, debido a una falta de humildad y de respeto a la opinión del otro, muy común en la política y quizá, también, en la sociedad en general.

Sorprende que esta miopía política con la que las estructuras del Estado simplifican el fenómeno Podemos se reproduzca en Catalunya. Cierto es que con otros argumentos, pero con parecida superficialidad o deseo de huir de la realidad.

No sabemos como evolucionará Podemos, pero no es este el debate que planteo. Todos tenemos nuestras propias percepciones. De momento tiene mucho de mediático y pocas concreciones. Veremos si la autenticidad que proclaman se corresponde o no con los hechos. Y cuál es el grado de solidez de este incipiente proyecto. El tiempo lo dirá y más pronto que tarde. Dicho esto, creer que Podemos es una conspiración del unionismo para provocar el fracaso del Proceso, es homologable a pensar que lo sucedido en Catalunya estos últimos tres años es consecuencia, como creen algunos en el Estado Español, de una huída hacia el abismo de un Artur Mas enloquecido. Y por cierto, demuestra muy poca confianza sobre la determinación de la mayoría de catalanes y de la solidez de sus pretensiones.

Podemos tiene una raíz revolucionaria. En el sentido que recoge un anhelo de cambio en profundidad, global y drástico de les instituciones políticas y económicas, consecuencia de un cansancio ante la crisis y la indignación por la indecencia insoportable que provoca la corrupción.

Son los ciudadanos los que, a través de Podemos, interpelan a las élites económicas de este país. Exigiéndoles que detengan de una vez su voracidad ilimitada y grosera. Interpela a los responsables políticos por su débil lucha contra la corrupción y la más que evidente connivencia con un statu quo insensible al sufrimiento. Interpelan a la izquierda de gobierno, que hemos sido incapaces de dar alternativas creíbles a una crisis que ha fracturado y abandonado a su suerte a una mayoría de ciudadanos.

Los que pretenden acabar con Podemos, les sugiero que en vez de esperar que baje el soufflé o inventarse ridículas corruptelas de sus dirigentes, eviten pagar indemnizaciones indignas a ACS por dejar de provocar terremotos en las Terres de l’Ebre, actúen ante la corrupción, dejen de liquidar servicios públicos, y ofrezcan alternativas a los ciudadanos que viven desesperadamente las consecuencias de una crisis provocada por los mismos que se benefician de ella. Si quieren un antídoto a Podemos, esta es una buena receta.

Y no perdamos el Norte. También se interpela al Proceso Nacional, que lamentablemente para muchos ciudadanos no ofrece garantías suficientes que provoque los cambios que una parte importante de la sociedad reclama. Para muchos sí. Para otros, aún no. Y sin esta dimensión, sinceramente, no le veo recorrido.

Podemos no es el Caballo de Troya del unionismo. El Caballo de Troya son nuestras debilidades, la corrupción, el paro, la falta de transparencia, la pervivencia de las élites, la impunidad. Esto es lo que debilita el proceso nacional.

Debilita el debate agotador sobre si lista única o no. Condicionar el uso de una prerrogativa legal para convocar elecciones a que los partidos y la sociedad civil hagan aquello que tu estimas honestamente que es lo mejor, pero prescindiendo de la posición del resto de actores. Lo debilita también la carrera, demasiado evidente, para formar parte de unas candidaturas que deberían suponer aire fresco y no una pasarela de vanidades.

Tenemos una magnífica oportunidad para hacer realidad una gran aventura colectiva. Nos acompaña el principal instrumento para hacerlo posible, una sociedad mayoritariamente ilusionada en esta etapa que hemos iniciado. Harían bien todos los actores del proceso apostando para que la emancipación nacional lo sea también social y política. Un proceso de raíz revolucionaria, para cambiar las cosas, para construir un nuevo país, limpio y justo.

Las ideas, como la poesía, como tota creación decente del ser humano, responde a esta noble ambición que Aristófanes reclamaba para la poesía. El anhelo de vivir mejor, y en particular, pensando en aquellos, tantos desgraciadamente, que sufren tan injusta y dramáticamente.