Ir a contenido

Análisis

Los efectos colaterales de un atentado

Eduard Soler Lecha

Lo que faltaba. Quienes han perpetrado el atentado contra Charlie Hebdo tenían como principal objetivo intimidar e, idealmente, tensionar todavía más a la sociedad francesa. Pero esta acción va a tener efectos colaterales. Un acto de esta naturaleza y con esta puesta en escena tendrá repercusiones al otro lado del Mediterráneo. Dos tipos de liberticidas - los terroristas y los regímenes autoritarios- buscarán obtener réditos de este atentado.

Los grupos que hoy se envuelven en la bandera negra del Estado Islámico han escalado posiciones en la lista de enemigos públicos globales. Para ello nada mejor que un clima de terror también global. A más miedo, más publicidad, más efectivos y más financiación. Cierto, no sabemos todavía si existe algún lazo entre esta organización y los responsables del atentado de París. Pero poco importa. El público europeo lleva meses escuchando advertencias sobre el retorno de combatientes de Siria, sobre cómo bullen las redes sociales en apoyo a esta organización y sobre posibles atentados en las grandes ciudades europeas. Para muchos, el mensaje que dejará el atentado de ayer es que la amenaza terrorista ha vuelto a Europa, si es que alguna vez se fue.

Quienes también pueden estar de enhorabuena son los regímenes autoritarios y los poderosos aparatos de seguridad del Norte de África y de Oriente Medio. Nada más cómodo que transmitir a su propia población y a sus socios europeos que deben escoger entre seguridad y libertad. Seguro que en las últimas horas se han multiplicado los ofrecimientos de colaboración a los países occidentales para contener y erradicar a un enemigo común. Tras los atentados del 11-S, Ben Ali, Mubarak y Gadafi tendieron su mano para combatir a Al Qaeda. Una nueva hornada de dirigentes lo está haciendo ahora en la lucha contra la organización Estado Islámico. Momentos y organizaciones distintas, pero la lógica y los resultados son parecidos.

La excusa

La lucha contra el terrorismo es la mejor excusa para detener procesos de apertura política, para reprimir a todo tipo de disidentes, para acallar críticas internacionales y, en general, para aumentar el temor de sus propios ciudadanos ante cualquier tipo de cambio que pueda abrir un escenario de caos. Por desgracia, el caos y la violencia son hoy una realidad en países como Siria, Irak o Libia. Y un recuerdo todavía vivo en algunos países como Argelia que sufrió en los noventa una década negra de violencia en la que, por cierto, los periodistas también eran uno de los objetivos predilectos del terrorismo. Periodistas y caricaturistas que en muchos países de la región sufren hoy la censura, la persecución judicial e incluso la violencia física por atreverse a criticar y, peor aún, ridiculizar a los dirigentes de sus países.

Paradojas del mundo en que vivimos. Un atentado que en Europa se está traduciendo en una llamada unánime a salvaguardar la libertad de expresión, en el mundo árabe puede dar cobertura a que se siga vulnerando esta y otras libertades fundamentales.

0 Comentarios
cargando