02 abr 2020

Ir a contenido

La clave

Iglesias y Cambó

Joan Manuel Perdigó

Sobre la suavización del programa económico de Podemos se ha escrito mucho. El partido universitario se ha dado cuenta de que si aspira al poder, convienen algunos ajustes de realismo aunque siga sin resolver incógnitas. Algo similar o más acusado ocurre con las propuestas políticas. En las entrevistas que Pablo Iglesias ha tenido con Jordi Évole, Ana Pastor, Mònica Terribas y el pasado domingo en este diario, con Enric Hernàndez, el líder del nuevo partido exhibe una notable capacidad para huir de compromisos bajo genéricas fórmulas de radicalidad democrática, que apelan a la «voluntad de la gente».

Podemos ha logrado ser vehículo casi en exclusiva del hartazgo ciudadano, sea del PP, del PSOE, de IU, PNV, CiU o de la abstención. En definitiva, de las ganas de patear el tablero. Lo que ocurre es que después no está claro que todos quieran jugar a lo mismo. Unos preferirán el ajedrez, otros, las damas o el mahjong. Y definirse compromete, si quieres pescar en todas partes. ¿Monarquía o Repúbica? pregunta Hernàndez, e Iglesias responde que eso es hacerle el juego a la casta. ¿Izquierda o derecha? Pues no: arriba o abajo. ¿Derecho a decidir en Catalunya? Por supuesto, previo periodo constituyente en España. O sea, que si el conjunto de los españoles, en uso que su radicalidad democrática deciden que la soberanía es indivisible, pues los catalanes, les guste o no, deberán acatarlo. No hace falta ser profe de universidad para saber que 47 millones son más que siete. Y siempre con la coletilla de «está clarísimo», que es el tópico para esconder lo que no quieres decir.

Hace casi un siglo (1918) Cambó acuñó la famosa frase: «Monarquia, República? Catalunya». Ideal para no mojarse. Fue protagonista aún durante más de una década, pero cuando llegó la hora de pegar el puntapié al tablero (1931) vino Esquerra Republicana, fundada como Podemos meses antes, y se lo llevó por delante.

Nadie por detrás

Podemos tiene ahora la ventaja de ser la ola. Nadie empuja desde atrás. Eso le da margen, al menos hasta después las elecciones. Pero por el bien de la democracia convendría que hicieran honor a esa ola que representa. Y se mojara.