27 may 2020

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Entre Letizia y Rivera

Toni Aira

El Director de Comunicación de la Secretaría General de la Casa del Rey, Jordi Gutiérrez Roldán, fue en su día delegado de TV-3 en Madrid, a principios de los años noventa del siglo pasado. Se nota que Felipe VI lo tiene a su vera. Se notó en su primer mensaje de Navidad esa mano y la de una reina Letizia que antes que monje fue cocinero. Es decir, que como periodista y presentadora de telediarios, supo mucho antes de convertirse en consorte real de la importancia de dar bien en cámara y de comunicar con convicción sabiendo mirar a los ojos de la audiencia para probar de conectar con ella.

De ahí, y del entreno de años intensificado en los últimos meses, la impecable intervención que en lo formal ofreció el nuevo rey. Su dicción era clara (más que la del padre, sin duda) y su tono buscaba calidez, proximidad, igual como sus manos, en diferentes momentos extendiéndose en dirección a la cámara, como buscando el contacto, tímidamente, eso sí, sin la mítica campechanía que se atribuía a su padre.

En el gesto, en el discurso verbal y no verbal de Felipe VI en su mensaje de Navidad, se respiraba más aquello de "la profesional" de la madre (así describió Juan Carlos I a su esposa Sofía). Se respiraba más del método de la madre y de su mujer.

En el primer discurso de Navidad del nuevo rey había sin duda mucho más las maneras de un diplomático que las de un jefe de fuerzas armadas (que también lo es). Y es que, en parte, a eso quiso dedicar su monólogo: a la promoción del diálogo.

Él se erige en el gran puente, en el gran tubo de cola de impacto que debe intentar pegar Catalunya a España. Catalunya, por cierto. La nombró, con todas las letras, y en ello puso énfasis. Y tiró del factor económico pero sobre todo del "sentimental", para venir a decir que lo lógico y necesario sería seguir unidos.

Nada nuevo bajo el Sol, ni nada que no se esperara de un monarca español. Eso sí, tirando sin usar explícitamente esas palabras de lo que en su día, en el 2008, fue el eslogan electoral de Mariano Rajoy, "con cabeza y corazón", su tono fue esta Nochebuena, en un discurso que se sabía que seguirían millones de españoles (por aquello de todas las teles emitiéndolo a la vez), muy diferente al de cualquier dirigente del PP o de su gobierno. Lo fue esta Nochebuena como lo es siempre en boca de un Felipe VI que asume la trascendencia de lo que está pasando en Catalunya.

Y el tono conciliador no le quitó un ápice de contundencia, incluso citando textualmente el eslogan de un partido que, si ha hecho bandera de alguna cosa con especial éxito, ha sido de su españolismo y de su combate contra el nacionalismo catalán. Porque sí, habló de "la fuerza de la unión", eslogan de Ciudadanos. Y es que, sin duda, una figura como la de Albert Rivera liga con el nuevo rey mucho más que la de Rajoy. Españolidad desacomplejada, un punto de modernidad, ni que sea por contraste generacional con los que mandan desde hace años, y dominio de la retórica para hablar claro y contundente, pero concitando más adhesiones que anticuerpos.