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Me sumergiría hoy en un montón de libros intentando huir del ruido, buscando palabras desconocidas y la voz de Joan Barril, un amigo a quien la muerte se ha llevado demasiado pronto. Escribo con una tristeza que no permite alabanzas fáciles y ya desde ahora sé que no hallaré las palabras que transitaban con tanta fluidez de un lado a otro de las muchas mesas compartidas.

En tiempos de prisas y simplicidades, de expresiones reducidas y reduccionistas, su voz y actitud vital nos incitaban a la reflexión serena. Y en tiempos de crisis y pobreza nos recordaba que lo más revolucionario es soñar. Sin sueño no hay visualización del mundo deseado, no hay voluntad transformadora. El hombre que consideraba que escribir era tan necesario como respirar, nos incitaba a la vida apasionada y huía de la rutina y la complacencia. Su ironía, por muy sutil y amable que pareciera, incorporaba criticas a la hipocresía y el egoísmo destructivo. Convencido de no competir por la audiencia y de no dejarse arrastrar por tendencias efímeras, defendía el papel culturizante de los medios y del enriquecimiento del pensamiento si no se cierra a otras ideas. Transgresor sin parecerlo, político sin quererlo.

En mis inicios de alcaldesa

Mostrarse firme en lo que crees, defender las causas que consideras justas, saber que la línea entre bien y mal no es precisa, querer ser convencido antes de convencer. En una época en que se reclaman adhesiones incondicionales y perpetuas, Joan quería argumentos sólidos y conciencia de realidad cambiante.

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Nos conocimos a raíz de un artículo que escribió sobre una decisión de mis inicios de alcaldesa. Me costaba entender que en mi ciudad todo fuera confuso y tergiversado y desde un distante Diari de Barcelona una persona había entendido tan nítidamente hechos que hoy me parecen intrascendentes. Quizá el susto de ver mi foto en un diario importante me decidió a conocer al firmante el artículo. Después ha escrito muchos otros y no siempre para mostrar su coincidencia con mis planteamientos, pero siempre descubriéndome una nueva perspectiva desde donde observar una realidad que yo daba demasiado rápido por conocida. Durante mucho tiempo nos citamos sin cita alrededor de sus libros y mis aproximaciones a las letras y jugábamos a sorprendernos en las ciudades donde presentábamos letra escrita, a menudo libros. Nunca nos ahorramos una crítica, más bien era generoso en esta materia, pero si existiera una unidad de medida en aportación de conocimiento y capacidad reflexiva ha sido uno de los grandes aportadores en mi bagaje.

Me sabe mal, y a la vez me emociona, que quien me hizo saber que hacía días que su voz no amenizaba nuestras noches fue una seguidora que nunca le conoció, pero ya le parecía que la radio no era igual sin su calma. Como aquella oyente añorada nos daremos cuenta cuando glosemos su figura de la gran importancia de sus reflexiones y de la importancia de la serenidad en los momentos más tensos, pensando que tal vez no hemos sabido valorar suficientemente lo que aportaba como periodista y escritor de estos tiempos. Jugamos a los dados con balas de vidrio, ya nos lo dijo.