40 años de la fundación de la Unión Militar Democrática

La UMD y la Transición

La iniciativa de aquellos militares en unos momento difíciles dice mucho de su vocación democrática

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Hoy, cuando parece agotado el consenso y el sistema político de la Transición de la dictadura a la democracia, se ha convertido en lugar común criticar aquel proceso histórico en función de la situación política actual. Es un error. La Transición es una etapa política cerrada de la que podemos analizar sus errores e insuficiencias pero sin olvidar el contexto histórico y político en que se produjo: la salida de una dictadura que duró cuatro décadas y que era el resultado de la brutal guerra civil propiciada por los militares que se levantaron contra la legalidad constitucional el 18 de julio de 1936. Se cometieron vacilaciones y desaciertos, pero en aquel contexto quizá no era posible ir mucho más allá ya que la oposición democrática se había mostrado incapaz de derribar la dictadura y esta tampoco tenía ya suficiente fuerza como para imponer su continuidad.

En más de una ocasión se ha señalado que la Transición dejó sin resolver algunos elementos clave del proceso de cambio y, sobre todo, que fue incapaz de solucionar de manera satisfactoria dos cuestiones claramente relacionadas, la reorganización territorial del Estado y la persistencia de la violencia política, presente en cuanto a la actividad de ETA hasta hace pocos años. Colateralmente, tampoco se avanzó suficientemente en la transformación del poder judicial -no así en la aplicación de la justicia que sí que experimentó cambios decisivos-, todavía hoy demasiado condicionado por el poder político de turno, y en la reforma militar, por lo menos hasta después del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.

Los pasados días 2 y 3 de este mes se celebró en la Facultad de Geografía e Historia de la Universitat de Barcelona el 40 aniversario de la fundación de la Unión Militar Democrática (UMD) y se celebró un homenaje a dos de sus miembros fundadores, Julio Busquets (1932-2001), diputado socialista entre 1977 y 1993 y profesor de ciencia política en la Universitat Autònoma de Barcelona, y Gabriel Cardona (1938-2011), profesor de historia contemporánea en la Universitat de Barcelona. El 1 de septiembre de 1974 y con el trasfondo de la revolución portuguesa, tres comandantes y nueve capitanes se reunieron clandestinamente en Barcelona y crearon la UMD que, según el ideario fundacional, tenía entre sus objetivos luchar por el restablecimiento de las libertades democráticas y los derechos humanos, y la reforma y reorganización de un ejército que debería supeditarse al poder civil del nuevo régimen democrático que sustituiría a la dictadura.

La iniciativa de aquellos militares en unos momentos difíciles dice mucho de su coraje y de su vocación democrática al pretender crear un núcleo de disidencia y de oposición a la dictadura en un ejército que, tal como destacó el profesor Cardona en sus trabajos, a pesar de estar mal pagado -muchos oficiales tenían que recurrir al pluriempleo-, falto de recursos y de preparación, obsoleto, y sobredimensionado -exceso de oficiales y mandos-, había sido la espina dorsal de la dictadura y seguía siendo ideológicamente franquista aunque poco activo políticamente excepto un núcleo duro de pulsiones fascistas que se manifestaba a través del diario El Alcázar.

La UMD se autodisolvió el 26 de junio de 1977 después de las primeras elecciones democráticas, momento en que sus integrantes consideraron que ya se habían alcanzado los objetivos que se proponían y que ya no tenía sentido mantener la organización. Sin embargo, dos años antes, en el verano de 1975, habían sido detenidos sus principales impulsores y nueve de ellos, en marzo de 1976, fueron sometidos a un consejo de guerra que los condenó a 43 años de prisión, pena que en siete de los acusados comportaba también la expulsión del ejército.

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Aunque su paso por la cárcel fue corto porque se beneficiaron del indulto de 1976 y de las amnistías de 1976 y 1977, se mantuvo vigente su expulsión del ejército ante el temor de exacerbar aún más las pulsiones golpistas del sector ultra. Tuvieron que esperar hasta 1987 para ser reincorporados en el escalafón militar, pero sin derecho a percibir las prestaciones económicas de los años transcurridos y con obligación de pasar a la reserva al dejarlos sin destino.

En suma, en estos momentos de cambio de los paradigmas políticos y ante algunas apelaciones interesadas en el papel del ejército según dispone el más que discutido artículo 8 de la Constitución española, había que recordar que el trato dado a los miembros de la UMD constituye una anomalía de la transición y un grave agravio para los afectados porque, en definitiva, su pretensión legítima no era otra que instaurar un sistema democrático y supeditar el ejército al poder civil.