La rueda

El mejor homenaje

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La primera vez que fui a Sao Felix do Araguaia, en el Mato Grosso, a encontrar a Pere Casaldàliga fue la primavera de 1985. En ese momento Brasil acababa de salir de una dictadura militar y casi en todas partes se respiraba un clima contagioso de ilusión y de esperanza. Digo casi en todas partes porque en Sao Felix, como en muchas otras regiones del interior del país, continuaban como siempre, lejos de todo, lejos del cambio, lejos de la democracia y lejos de la civilización. Aquella era una tierra sin ley y una tierra de violencia. La gente de allí, como solían repetir ellos mismos, nacía y moría, pero no vivía. En ese contexto límite de extrema dificultad la reacción de Pere Casaldàliga fue clara e inequívoca. Su entrega absoluta, su compromiso radical y su coherencia terca sirvieron de ejemplo y consiguieron ser el estímulo necesario para que la gente de la región recuperase la dignidad y ganase la libertad. Su historia la hemos contado en la serie Descalç sobre la terra vermella, que se pudo ver en TV-3 hace unos meses.

Ha sido justamente el estreno de la versión brasileña de este serie lo que me ha hecho volver a Sao Felix para encontrar nuevamente a Casaldàliga. Fue el martes de la semana pasada en un acto cargado de sentido y de emoción en el que estaban presentes los principales protagonistas de la historia mirándose en el espejo de la pantalla. Fue impresionante ver al viejo obispo con el cuerpo castigado y limitado por el párkinson, que le ha dejado casi sin palabra, embelesado con las imágenes y sentado en primera fila rodeado de su pueblo. Pero lo más conmovedor fue ver que muchos de los asistentes, cuando terminó la proyección, se le acercaron con lágrimas en los ojos para besarle y darle las gracias por todo lo que había hecho por ellos. De todos los homenajes y reconocimientos que ha recibido y recibirá Casaldáliga no puedo imaginar uno mejor.