Revelación literaria en torno a un genio de la música

El ángel de Mahler

Núria L. de Santiago explica en una novela conmovedora las claves para entender al gran compositor

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Merodeaba frente a los estantes siempre tentadores de la Librería Laie, cuando me fijé en un libro intimidatorio por su grosor y valiente por su título. Como buen admirador de Mahler -y coleccionista de la vasta obra literaria que versa sobre él-, caí de cuatro patas: iba a ser el volumen que leería durante mis tres semanas vacacionales. Pocas veces habré tomado una decisión tan acertada sin recomendación previa, ni conflicto de interés; las casi 800 páginas de El ángel de Mahler El ángel de Mahlerme duraron menos de una semana de intensa emoción.

No se acerquen a este texto esperando una biografía más del genial compositor ni un estilo literario rompedor. Tampoco se trata de un texto hagiográfico de mera exaltación. No, lo que Núria León de Santiago nos propone en su esmerada y delicada prosa es una minuciosa exploración psicológica de los protagonistas de los dramas que impactaron en la vida de Gustav Mahler y los seres que le rodearon. Obviamente, esta novela solo podía estar escrita por una amante virtual del compositor y de su música, por alguien que conoce a la perfección y ama incondicionalmente su obra y que da por sabidos los principales hitos de su biografía. Esa pasión de escritora-amante impregna cada página de esta original novela.

El empeño de la autora es de notable envergadura máxime si tenemos en cuenta que se trata de su ópera prima y ¡vive Dios! que sale con éxito de su arriesgada apuesta: añadir a la vida de Mahler un hilo conductor -una supuesta hija adoptada por el músico que posteriormente se convierte en su amante- que nos guía hasta una mejor y más completa comprensión de su personalidad, sus principios, los entresijos de su psique y sus composiciones. Por ejemplo, De Santiago proporciona una pista plausible (no histórica) sobre el cuándo y el cómo le alcanzó a Mahler la inspiración para componer su celebrado Adagietto.

Para lograr su objetivo, la autora nos sumerge en una atmósfera netamente romántica -que a veces recuerda a Jane Austen- en la que construye magistralmente un sutil entramado psicológico alrededor no solo del trío principal (la niña Elisabeth, la esquiva Alma y el angustiado Gustav), sino del entorno familiar y de las amistades de los protagonistas. Para un admirador de Borges como yo, lacónico en el lenguaje y adorador de los hechos desnudos, nada más alejado de la narrativa del genio argentino y, sin embargo, ¡chapeau!: acabé por sumergirme sin vergüenza y en ocasiones hasta las lágrimas, en los desgarradores desconsuelos de los personajes, en tantos desmayos de muchachas en flor, en tantos abandonos crueles y tanto remordimiento atroz. A pesar de mi inicial resistencia, y la que opondría cualquier lector refractario al miniaturismo literario de las sutilezas psíquicas, la autora venció mis defensas imprimiendo un ritmo al texto que arrastra como un vendaval, que se levanta pausadamente hasta alcanzar su máxima violencia.

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La narración comienza como un vals inocente, casi frívolo, pero poco a poco alcanza la furia devastadora de un scherzo alocado que alterna con la pausada emotividad de un adagio. Como escribe Antonio Gala en el prólogo: los corazones, aun muertos (o mejor aún, muertos) ganarían siempre la batalla, a veces tan cruel, de los seres humanos. De Santiago aprovecha su relato para introducir parte de su biografía calé y resaltar la riqueza y la amplitud de registros de la condición femenina que brillan en las mujeres de su novela. Hay en El ángel de Mahler (Ed. Bellaterra) una reivindicación feminista pero a la vez hondamente femenina. Es un libro que solo una mujer podía escribir. De hecho, la autora pasa cuentas con Alma Mahler tantas veces reivindicada por las abanderadas del feminismo rancio y denuncia, justamente en mi opinión, el feminismo que hace de la promiscuidad y la ambición social insignias de su lucha, algo que quizá no agrade a las violetas más radicales. En suma, se trata de una novela profundamente romántica, de connotaciones victorianas y de gran finura psicológica -cuasi proustiana, diría yo- que, a pesar de todo, conmoverá al buen lector de este principio de siglo... tan tecnológico, tan distante.

Escribo estas líneas, pueden ustedes estar seguros, sin conflicto de interés alguno ni con la autora -a quien no conozco- ni con la editorial que tan acertadamente -y no sin riesgo- ha publicado El ángel de Mahler. Las escribo con la certeza de que a pesar de que nos arrolla la subcultura de los videojuegos, los memes y los celuloides groseros o violentos, aún tienen cabida obras como esta que tanto ayudan a la buena literatura y, más aún, a la difícil educación sentimental. Quizá Mahler sea, en este caso, un perfecto pretexto del que se vale una buena escritora para mostrar los complicados laberintos del amor.