27 oct 2020

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Análisis

Parte de una casta

Antonio Baquero

Hemos oído hasta la saciedad a lo largo de todos estos días que la duquesa de Alba se puso «el mundo por montera» o que «rompió moldes» en su vida privada. Bravo. Se nos olvida, no obstante, que en lo que respecta a su vis como actor económico de primer orden, especialmente en Andalucía, no rompió moldes en absoluto.

Antes al contrario, doña Cayetana se va con prácticamente las mismas (e incontables) propiedades con las que vino al mundo. Es decir, siendo posiblemente la mayor terrateniente de Andalucía y de España. Si rompió moldes, fue porque ser quien era se lo permitía y lo hizo en su beneficio, no en el del conjunto de esa Andalucía a la que tanto quería.

El algodonoso orfeón laudatorio que se ha desencadenado tras su fallecimiento olvida la gestión egoísta y anacrónica que esta mujer hizo de este inmenso patrimonio agrícola. Precisamente por ser una señora dotada de una brillante inteligencia, no vale la excusa de que no se enteraba. Ella ha ayudado de forma intencionada a mantener un sistema caciquil de terratenientes que condenó a la pobreza y que obligó a emigrar de Andalucía a decenas de miles de personas -entre ellas mis padres- y que aún mantiene a ese territorio como una de las regiones con más paro de toda Europa. Obviamente que no es la única responsable. Sin embargo, si ella hubiera querido, con el enorme poderío e influencia que atesoraba, hubieran podido cambiar muchas cosas.

También se destaca su cercanía al pueblo llano -solo esta expresión me produce escalofríos-. Nadie recuerda, o nadie quiere recordar, como muchas veces al visitar alguna de las innumerables obras que llevaba a cabo en sus mansiones obligaba a los trabajadores a marcharse antes de su llegada, pues no le apetecía coincidir con ellos.

Lamento su fallecimiento. Lo siento por su esposo y sus hijos. Se les ha ido una esposa y una madre. Pero insisto, si ella como terrateniente se hubiera puesto el mundo por montera posiblemente muchos menos andaluces hubieran tenido que echarse la maleta al hombro.