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Jean-Claude Juncker, durante su discurso en el Parlamento Europeo, este martes en Estrasburgo.

Jean-Claude Juncker, durante su discurso en el Parlamento Europeo, este martes en Estrasburgo. / REUTERS / VINCENT KESSLER

El Presidente de la Comisión de la UE, Jean-Claude Juncker, ha decidido comparecer de urgencia y por sorpresa este miércoles ante el Parlamento Europeo para explicar los apaños fiscales de Luxemburgo cuando era Presidente del Gran Ducado.

Lo primero que hay que decir es que el Sr. Juncker no quería comparecer a pesar de la petición de la izquierda en el Parlamento Europeo (la Gran Coalición lo vetó ). Lo ha hecho a última hora y como consecuencia del gran escándalo creado en la opinión pública por la estafa fiscal.

Juncker ha comparecido para presentar medidas de urgencia en materia fiscal. Además de su poca credibilidad en la materia, el problema es que lo propuesto es claramente insuficiente.

Se mantiene firme en su posición de defender la competencia que existe entre los diferentes países de la UE en materia fiscal. Está muy bien que venga ahora a la desesperada a proponer el establecimiento de un intercambio automático de información sobre decisiones fiscales y una base común para el impuesto de sociedades, sin embargo, esto no es suficientemente ambicioso.

El actual presidente de la Comisión Europea no ha mencionado ni una sola vez la necesidad de transparencia en materia fiscal de cada país, empezando por Luxemburgo y no ha hablado tampoco de tipos impositivos mínimos. Hoy en Europa la competencia fiscal entre estados sin tipos impositivos mínimos y el mantenimiento del n ú cleo del Estado de Bienestar son dos cosas incompatibles. Una base común para el impuesto de sociedades es un paso adelante, pero ello no detendrá la carrera para bajar los impuestos a menos que se apliquen tipos impositivos mínimos.

Al mismo tiempo, el Sr. Juncker ha pretendido hoy distraer la atención de los problemas dentro de la Unión Europea trasladando el debate político a nivel del G-20 y su futura reunión con dicho grupo este fin de semana. Las medidas que los países del G-20 plantean son también claramente insuficientes para resolver los problemas. El G-20 no tiene en cuenta una base común para el impuesto de sociedades, ni los tipos impositivos mínimos.

Con este capítulo estamos tocando el hueso de la ruptura del contrato social europeo que lleva operándose desde hace años.

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Pero la pregunta de fondo, más allá de las limitaciones de lo que ha propuesto, es; ¿con qué credibilidad presenta esto hoy Juncker? Hoy es un Presidente sin legitimidad para afrontar este problema. La hipocresía que supone que el Presidente del Eurogrupo estuviera exigiendo recortes mientras a la vez permitía la evasión fiscal masiva, le incapacitan para afrontar seriamente este asunto. Además, le toca a la Comisión Europea, que ahora preside, investigar los "rulings" (los pactos fiscales opacos realizados con grandes corporaciones) que él mismo pactó . Por mucho que él lo niegue, el conflicto de intereses es evidente.

Juncker no era la persona para presidir la Comisión. Lo sabíamos. Hoy constatamos de nuevo que es la persona equivocada en el puesto equivocado, y que su presencia en cabeza de la Comisión Europea pone a esta institución en una situación imposible en los próximos cinco años. Además, genera tal cabreo en la ciudadanía que hunde un poco más en el hoyo al ya maltrecho proyecto europeo. Europa necesita urgentemente salvarse a sí misma mandando a casa a personajes que deberían formar parte ya del pasado.