08 ago 2020

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10-N: diálogo y acuerdo para decidir

Jaume Collboni

Escribo estas líneas cuando acaba de salir por televisión el Ministro de Justicia haciendo una declaración institucional, es decir "nada de preguntas", para decir lo previsible: que el 9N no ha sido una consulta, que no tiene efectos jurídicos y que la fiscalía estudia emprender acciones. Sin aceptar preguntas. Y me temo que también sin hacerse preguntas.

Desde que la consulta como tal fue impugnada, ha pasado a ser un proceso de participación que, como es evidente, no ha tenido los elementos propios de un referéndum con todas las garantías; censo previo, periodo electoral con posibilidad de contrastar posiciones y tutela de una administración electoral. Motivos suficientes para que muchos, entre los que me cuento, no hayamos participado.

Pero este hecho objetivo no puede menospreciar la contundencia de los datos de participación, ni el civismo con el que se ha desarrollado la jornada del 9N. Los resultados no podrán considerarse legítimos; la movilización ciudadana, sí.

Por todo esto hay que hacerse las preguntas que el señor Ministro y su Gobierno parece que no se quieren hacer, y pueden sintetizarse en dos:

¿Cree realmente que será suficiente una respuesta legal o judicial a un conflicto político de esta magnitud?

¿Cuánto tiempo más tendrá que pasar para que el señor Rajoy vea que el paso del tiempo sólo agravará el problema?

A partir de hoy, 10 de noviembre, se abre una nueva etapa que debería superar los monólogos estériles que han mantenido hasta ahora los gobiernos de Mas y de Rajoy. La política tiene que sustituir a los autos, resoluciones y dictámenes jurídicos.

El reto consistirá en respetar el Estado de Derecho, sí, pero para hacer compatible el principio de legalidad con el principio democrático que contiene la Constitución. Esto sólo será posible con un pacto político. Como lo fue en Canadá y en Escocia.

Soy de los que defiende un nuevo acuerdo político con el resto de pueblos de España. Esto sólo será posible con… otra España, es decir, un nuevo Estado federal que contemple, con todas las consecuencias, su realidad plurinacional.

Es probable que sea necesario un nuevo ciclo electoral, cumplido el año 2015, para que se debatan las propuestas de los partidos de una forma abierta y clara, y la ciudadanía se exprese. Hay que preguntarse cuál es el modelo de Estado que se propone y cuál es el camino para hacerlo posible. Pero hasta que llegue ese momento, lo exigible como mínimo en una democracia madura es que el Gobierno se haga las preguntas clave.

Lo exigible, como mínimo, es que el Presidente del gobierno de todos los españoles hubiera comparecido anoche ante la opinión pública para mostrar respeto y anunciar un inicio de diálogo. Mucho me temo que acabará haciendo todo lo contrario. Ante su anunciado fracaso económico, ante los innumerables casos de corrupción que ahogan su partido, sospecho que pueda tener la tentación de usar Cataluña como argumento electoral. Ya lo hizo con el Estatuto de 2006, y así estamos.