24 sep 2020

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El debate sobre el pulso soberanista

Con todos y a tiempo: por una nueva hegemonía

Joan Ignasi Elena

La izquierda está en condiciones de asumir el liderazgo del proceso de emancipación política y social iniciado en Catalunya

Un buen amigo socialista, actualmente con notables responsabilidades políticas, hacía un llamamiento hace unos años, recordando unas palabras del gran poeta León Felipe, a la moderación y centralidad política del catalanismo. «¡No hay que llegar los primeros y solos, sino con todos y a tiempo».

Con ellas quería alertar, hace ocho años, sobre la tentación de una posible radicalización del catalanismo. Visto con perspectiva, el juego de palabras se convierte ahora en casi cruel. Y es que hoy, pocos años después, la radicalización del catalanismo corresponde, y no sin sarcasmo, a los que han abandonado la centralidad política que representa este proceso ampliamente compartido, de una cierta raíz revolucionaria, de base, de liberación de las dependencias nacionales y económicas que estamos viviendo en Catalunya.

Un proceso democrático, atractivo, que fruto de la crisis y los desacuerdos con un Estado a menudo agresivo y sordo a nuestras demandas como país, ha venido para quedarse y que políticamente reclama respuestas, soluciones. Porque detrás de las grandes movilizaciones que estamos protagonizando, sin precedentes en Europa por su persistencia y civismo casi lúdico, existe el clamor de un país cansado que paulatinamente ha ido desplazando sus percepciones y que, por ejemplo, hace que muchos federalistas también sean ahora favorables a la independencia. O mejor dicho, favorables a un proceso emancipador, tal y como nos gusta decir desde Avancem en un claro homenaje a la figura de Serra i Moret.

Un proceso que anhela construir un país nuevo, más justo, más digno, más decente. Que pone en evidencia la incapacidad de los poderes públicos de dar respuesta a la crisis y la desconfianza de los ciudadanos con las instituciones. Que denuncia las connivencias de la política con un statu quo que se resiste dramáticamente a un cambio que preven inevitable. Y que sorprendentemente para muchos, no para quien esto suscribe, ha ganado por goleada la batalla de las ideas, reivindicando la política, integrando, demostrando la madurez de nuestra sociedad civil. Y no llamados por la historia ni solo por razones identitarias. Ni siquiera por un sentimiento de pertenencia sino pensando en el futuro de sus hijos y nietos, de trabajadores y parados, de miles de familias sin ingreso. Y para decir basta a la indecencia de la corrupción.

En este contexto constituyente viviremos los próximos meses una recomposición de los espacios políticos en nuestro país. El esquema de la transición ya no es útil y necesita de una reformulación. Y en concreto, en el espacio político de la izquierda es momento de tomar decisiones. Y no de crear partidos. Si de algo vamos sobrados es de estructuras partidarias, personalismos y crucigramas en listas electorales. Es momento de confluir distintas sensibilidades y tradiciones de la izquierda para construir una nueva hegemonía política al servicio del pueblo de Catalunya.

Un espacio sustentado en tres pilares. A. Un proyecto de obediencia catalana y que impulse la emancipación nacional hasta donde los catalanes decidan democráticamente. B. Un discurso y acción nítidamente de izquierdas, que ofrezca una alternativa económica a las políticas que nos han llevado a la devastadora crisis que estamos sufriendo. Y en coherencia, reformista y con vocación de gobierno. C. Y un proyecto en cierta medida generacional, sin mochilas ni hipotecas. Determinado a limpiar, acabar con la corrupción, con las inaceptables complicidades y connivencias de poderes públicos con los intereses de unos pocos, con las puertas giratorias y las amistades peligrosas. Está a nuestro alcance, como nación, llegar hasta donde colectivamente anhelamos y construir un país nuevo. Por eso es necesario que la izquierda que quiere gobernar y transformar la realidad, también desde las instituciones, vayamos de la mano, con generosidad, porque está en juego la construcción de una hegemonía política para los próximos años.

La izquierda está en condiciones de asumir el liderazgo del proceso de emancipación política y social que ha iniciado Catalunya. Y desde este liderazgo trabar complicidades necesarias con el otro gran espacio político que participa en el proceso. Por ello, en el marco de las próximas elecciones que tendrán dimensión constituyente, los catalanes merecemos una pluralidad de ofertas sobre qué modelo de país defiende cada uno, también entre los que apoyamos el proceso. Esto incluye los espacios de ERC, ICV-EUiA, el socialismo soberanista y si esta fuera su voluntad, la CUP.

Es una oportunidad histórica y hay que estar a la altura de un país que ha decidido caminar hacia su emancipación nacional y también social y política. «Con todos y a tiempo», el 9 de noviembre estamos llamados, en este sentido, a dar un paso importante.