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Al contrataque

Pornoviolencia

Ángeles González-Sinde

Quienes deciden el contenido de los informativos de televisión deberían conocer el impacto de la violencia fotografiada

Los acontecimientos son tan importantes como los medios de comunicación nos dicen. Una enferma de ébola en España es mucho más grande que 3.500 muertos en África. Las intimidades y dudas de Iker Casillas en su entrevista con Gabilondo, mucho más fundamentales que el histórico segundo puesto de la selección femenina en el Mundial de baloncesto; por eso el lunes el portero ocupó por completo las pantallas, desplazando la hazaña deportiva de las jóvenes mujeres.

De vez en cuando, además, en los informativos se cuelan noticias que, si bien reflejan hechos graves, no es fácil determinar la razón por la que nos son ofrecidas. La semana pasada TVE y algún canal privado transmitieron las brutales imágenes de un policía golpeando y vejando a un detenido en Tucumán. Tuve la desgracia de verlas. Conmigo estaba mi hija de 10 años y en ese momento decidí que todavía no tiene edad para ver informativos. Apagué, tan conmovida como frustrada, y me pregunté: ¿por qué? ¿Por qué este súbito interés de TVE por la realidad iberoamericana? ¿No acaban de eliminar varias corresponsalías en ese continente? ¿Por qué de pronto se preocupan por los derechos de los detenidos argentinos? Tucumán es una de las provincias más pobres de Argentina, con altos índices de analfabetismo y desnutrición infantil. No faltan, estoy segura, asuntos dignos de atención en ella, y de hecho sería muy positivo para nosotros los españoles dirigir la mirada más hacia América del Sur y menos a América del Norte, pero esa no era la respuesta. Llegó en los días siguientes: nadie volvió a dar seguimiento alguno de la noticia del detenido y sus torturadores. Los televidentes habíamos sido expuestos a otro episodio de pornoviolencia por una única razón bastante caprichosa: existían las imágenes y eran impactantes.

El impacto de la imagen

Sin embargo, quienes deciden el contenido de los informativos deberían conocer el impacto de la violencia fotografiada. La visión, a diferencia de la audición, no discrimina, es invasiva. No hay modo de defenderse de lo que se ha visto, se aloja en nuestros cerebros queramos o no. La radio o la prensa escrita son, por el contrario, medios participativos, consienten que el oyente o el lector sea informado y al mismo tiempo mantenga su propio criterio y discernimiento. Frente a la radio o la lectura sabemos que estamos ante una interpretación de la realidad, no ante la verdad, y no apagamos nuestro sentido crítico innato sino que establecemos un diálogo que la televisión, por la propia naturaleza del componente fotográfico, impide. Me inquieta que en estos tiempos en que todo se fotografía, antes de emitir cualquier imagen los responsables de las cadenas no se hagan una sencilla e imprescindible pregunta: ¿por qué y para qué?

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