Pequeño observatorio

La discreta elegancia de los pájaros

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No hace muchos días leí en este diario que en el parque de Collserola, de Barcelona, se celebraba el Día Mundial de las Aves. Desde hace tiempo se han implantado los 'días mundiales'Algunos resultan muy ambiciosos, por el tema que plantean, y otros más modestos, a consecuencia de un escaso arraigo. El caso es que se ha instaurado la celebración de un día que me parece singular. En principio, los pájaros se convierten en protagonistas de una celebración.

Ignoro con qué actos se ha dado forma al homenaje a los pájaros, pero es lógico pensar que el punto fuerte ha sido estimular la protección de estas biestecillas. Y me ha salido espontáneamente este diminutivo tan tierno y tan bonito.

Hay pájaros que no son precisamente amigos de los agricultores, pájaros que atacan los campos y dañan los árboles frutales. Pero esto pertenece al ámbito de la utilidad y de la economía. Y supongo que se trata de motivar, en general, el respeto por los pájaros como una manifestación admirable de la naturaleza.

El uso del diminutivo

En catalán antiguo se llamaba 'aucell', que hacía visible la idea de 'au'y en castellano 'ave'. Y además en catalán se usó la forma femenina: 'aucella'. Todo sonaba, y todavía suena, a diminutivos, un diminutivo que corresponde a los pajaritos más populares. Un diminutivo, una palabra frágil, que no se corresponde con la que utiliza hoy en castellano, pájaro.

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En muchos viajes a pie, me gustaba observar pasar por un valle, o despegando hacia un cerro, una bandada de pájaros que se disgregaban, con una perfección de grupo absoluta, como si siguieran a una invisible batuta.

Los pájaros siempre son bonitos, cuando se detienen en una rama y también cuando arrancan el vuelo, lo que constituyen dos decisiones misteriosas para los humanos, Un poeta francés del siglo XVIII, Antoine Marin Lemierre, hizo de los pájaros esta fina observación: «Incluso cuando camina, se nota que el pájaro tiene alas».