La rueda

El contador, a cero

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Con respecto al fraude moral destapado por el propio Jordi Pujol, los de mi generación tenemos la ventaja de no haber vivido con plena conciencia su apogeo político. La decepción que dicen tener muchos ciudadanos por su confesión solo es posible si en algún momento se le ha considerado un referente en algo. Pero, al no haber tenido siquiera tiempo, las imágenes que protagonizó el viernes son y serán unas de las más determinantes para conformar la visión que tendremos unos cuantos sobre el personaje.

Si de verdad Pujol sentía algún respeto por el Parlament de Catalunya, lo primero que podría haber hecho era respetar a sus diputados. En las democracias liberales las responsabilidades jurídicas se dirimen en los juzgados y, por ello, su comparecencia del viernes lejos de poner un punto final al escándalo fue solo el inicio. Más aún cuando tuvo de nuevo la desvergüenza de advertir de las consecuencias si se le sigue investigando: «Si se siega una rama del árbol, caerán todas». ¡Pues que caigan!

Gritos despóticos

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Gritos despóticosPujol se comportó peor que un Rodrigo Rato cualquiera y chuleó a un Parlament que demostró ser más digno que él. Ni los diputados, ni los ciudadanos, ni los militantes de su partido, merecen el desprecio con el que actuó un personaje que no ha asumido que su papel en la historia ha acabado, y mal. Sus gritos despóticos contra representantes electos son la perfecta metáfora del régimen que él impulsó y que él mismo se ha cargado.

Desconozco qué nos depararán los próximos meses. Sin embargo, bienvenido sea el momento político que vivimos si sirve para librarnos de personajes iluminados como el que vimos el viernes. Y es que por mucho que el debate independentista esté lleno de trampas, verdades a medias y mensajes simples a ambos lados, está sirviendo como ningún otro para limpiar de mierda nuestro país y poner de verdad el contador a cero.