Los problemas de identidad

Munir, un referente positivo

Al optar por la selección española y no la marroquí, el futbolista refuerza la idea del arraigo múltiple

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En su libro de memorias Joseph AntonSalman Rushdie piensa en su identidad y se pregunta sobre la posibilidad de ser -desarrollar la aptitud de ser- no desarraigado sino múltiplemente arraigado. De no padecer la pérdida de las raíces sino de beneficiarse de un exceso de ellas. Pensé y me inspiré en eso para una ponencia, Múltiplemente arraigados o desarraigados, que presenté en el 16º Congreso Mundial de Psiquiatría, celebrado en Madrid. El gran tema fue la inclusión, cómo hacer lo posible para que todo paciente que pueda beneficiarse de un tratamiento psiquiátrico, psicológico y psicoterapéutico pueda realizarlo en las mejores condiciones. Y la primera de ellas es disponer de profesionales expertos que sepan entender el sufrimiento humano.

La identidad, decía Rushdie -la suya y la de todas las personas-, se compone tanto de los orígenes como del viaje. La literatura, proseguía, siempre ha sabido de esta realidad porque siempre ha intentado abrir el universo, aumentarlo, para que el ser humano pueda percibir toda su complejidad.

La literatura, decía el autor angloindio, pero también la ciencia psicológica. Y eso es de lo que trató mi ponencia: mostrar desde la psicología y desde la sociología que lo mejor -lo más sano- para una persona es desarrollar todo su potencial. Abrir al máximo el propio universo. Y para los hijos de los inmigrantes, esto incluye dejar atrás el discurso de la pérdida de las raíces y abrazar el discurso del arraigo múltiple.

¿Por qué esto que parece tan lógico resulta en ocasiones tan complicado? Mi hipótesis es la que sigue. Por un lado, una parte de la sociedad receptora tiene una imagen denigrada de los magrebís y del islam, y eso se traduce en constantes experiencias de inferiorización, cuando no de discriminación y de racismo. Y por el otro, como decía el escritor Tahar ben Jelloun, algunos padres se aferran a la religión porque es un antídoto contra el exilio. Sienten que es lo único que pueden ofrecer a su descendencia como cultura originaria. Son padres que no han resuelto su duelo migratorio -que diríamos en nuestro argot técnico-. En vez de abrirse y acoger como propio aquello que les brinda la sociedad a la que han emigrado, se cierran, se repliegan y se empobrecen. Confunden la cultura de origen con un islam cerril.

El antropólogo Thomas Hylland Eriksen decía en su ensayo Ethnicity and nationalism que se puede hablar de una negativización de la propia identidad. En la medida que no se permite la inclusión social, estos jóvenes pueden encerrarse en su grupo de origen y potenciar sus orígenes étnicos y culturales. En estos momentos en los que hay demasiada gente dispuesta a aprovecharse de esta negativización de la propia identidad (los yihadistas, por ejemplo) es importante que nos preguntemos si somos o no una sociedad inclusiva.

En un reciente estudio sociológico dirigido por los profesores Rosa Aparicio Alejandro Portes, Crecer en España. La integración de los hijos de los inmigrantes, se demuestra que la mayor parte de estas personas tienen una relación positiva con este país, al que sienten como propio. Pero los autores lanzan alguna advertencia. La literatura científica, dicen, señala que las altas percepciones de discriminación en la adolescencia temprana rebajan la autoestima y generan identidades reactivas opuestas a la sociedad de acogida. Los procesos de adaptación de los hijos de los inmigrantes en Francia, el Reino Unido y Holanda han estado marcados por estos episodios. Y son países que nos aventajan en experiencia y a los que habría que estudiar en profundidad para no repetir algunos de los errores que han cometido.

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Para finalizar, déjenme explicarles el motivo del título de este artículo. El futbolista del Barça y jugador revelación de esta Liga que acaba de empezar Munir el Haddadi, con su decisión de jugar en la selección española y no hacerlo en la marroquí refuerza esta idea del arraigo múltiple. Él ha nacido en El Escorial (Madrid), ha crecido en este país y es de ascendencia marroquí. Su decisión va a ayudar a mucha gente a entender que una persona puede llamarse Munir y sentirse española, europea. Sin esconder el origen, abraza su destino. No es un desarraigado. Y de paso se convierte en un referente, un ejemplo, un espejo en el que mirarse por muchos adolescentes que deben de estar pasando por su inevitable crisis identitaria (todo adolescente pasa por ella). Un referente positivo que falta nos hace para combatir a los negativos. Especialmente a los yihadistas.

En el citado congreso de Madrid hablé de Munir el Haddadi.