2
Se lee en minutos

Históricamente, Catalunya se ha dibujado desde Barcelona. Desde los despachos de la capital catalana se han elaborado y decidido los más importantes logros públicos de los últimos 35 años. Así, hay que decir y es evidente, solo hay que verlo, que el desarrollo del Pirineo, Lleida, Tarragona, Girona, Tierras del Ebro y el valle de Aran ha sido fruto de una serie histórica de inversiones y decisiones que la Generalidad de Catalunya entendió como equilibrio territorial.

Paralelamente, Barcelona como "la gran ciudad de Catalunya" fue haciendo su propio diseño, un posicionamiento de marca que con los Juegos Olímpicos de Verano de 1992 se consolidó y, al mismo tiempo, provocó el inicio de su gran desarrollo económico y turístico en el mundo. Barcelona en estos años ha creado una marca mundialmente conocida, con una serie de atributos la mayoría positivos. Hoy su nombre es patrimonio casi de Catalunya. Aplicando una dosis de sinceridad en la reflexión, hoy es más marca Barcelona que Catalunya.

Con la llegada del alcalde Trias a Barcelona uno de los ejes que puso en marcha fue, al margen de seguir potenciando la marca Barcelona, hacer de la ciudad la capital de Catalunya, decisión no menor que puede afectar el equilibrio territorial aplicado hasta el momento. Esta estrategia, que no es baladí, da un avance más a la ciudad y la posiciona como centro social, político y económico de Catalunya.

Con la crisis económica y financiera de las administraciones públicas (de toda Catalunya), el grave déficit fiscal que sufre la Generalitat, la imposibilidad de acceso a los mercados financieros y el ahogo económico, financiero y político de España se ha aplicado un discurso por parte de los partidos políticos que sitúa a Barcelona como único epicentro de la recuperación económica de Catalunya. Y el caso es que los poderes locales han asumido ese discurso como propio.

Esta nueva visión, esta nueva estrategia geopolítica, en caso de continuar en los años próximos tendrá consecuencias de alcance histórico y político para el resto del territorio catalán. Si el sistema capitalista, o la modernización (sin su modernización) entendida sin cambios desde la revolución industrial no se adapta a la sensibilidad, priorización y materialización de políticas descentralizadoras, la capital de Catalunya se convertirá en el único eje de intervención productiva. Esto descapitalizarà los razonamientos de equilibrios territoriales y descentralizadores con los correspondientes efectos negativos para la Catalunya que no es Barcelona.

Aran jugará sus cartas, tanto es así que el nuevo marco de relaciones entre Catalunya y el Aran (con la nueva ley de Aran) deberá prever nuevos escenarios, nuevas estrategias y nuevas decisiones para seguir garantizando el progreso de la sociedad aranesa y su sostenibilidad en un futuro, con nuevas estrategias mundiales que ya se empiezan a dibujar en los países más avanzados. Es el caso del Reino Unido con la "revolución del tartán".

¡Y vigilemos! con ese discurso de la Barcelona líder, de la Barcelona como motor y de la Barcelona moderna. Sin ningún sustantivo y adjetivo que preceda el nombre de la capital será todo más fácil.

¿Es lo mismo decir Barcelona "es el motor" que decir "es el principal motor"? Simplemente reflexionemos.

Noticias relacionadas

Àlex Moga Vidal 

Alcalde de Vielha, Diputado en el Parlament