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Aceptémoslo, la sociedad catalana es insegura. Es capaz de superarse y, a la vez, asustarse hasta un punto que es digno de admirar.

Si se tiene que ganar, se tiene que hacer por goleada. Y si se hace por goleada, tiene que ser moralmente impecable, con un estilo propio y virtuoso. Ahora bien, si no hay títulos o recompensa, el ánimo decae y se plantea un plan B.

Después de dos manifestaciones independentistas, donde el virtuosismo, la técnica y los resultados han sido elogiados por propios y foráneos, es en la tercera temporada cuando temblamos y recuperamos la inseguridad que nos caracteriza. ¿Se llenará? ¿Servirá? Somos como un equipo modesto, formado por juveniles, que después de clasificarse en todas las fases está a punto de jugar en el estadio de Wembley y ve todo lo que le viene encima.

Como equipo, hay la sensación generalizada de que hemos jugado bien. Hemos maravillado el mundo, hemos sido noticia en las grandes cabeceras internacionales: The Guardian, Al Jazeera, Finantial Times, The New York Times, Le Monde, La Repubblica y en otras muchas crónicas periodísticas internacionales donde nuestros hitos han sorprendido y admirado. Desde la fuerza que mostramos saliendo a la calle el 2012, hasta la impresionante vía de 400 kilómetros del 2013. Aun así, ¿qué títulos hay en nuestras vitrinas?

TÍTULOS PARA VALORAR

¿Nos plantamos en una nueva Diada preguntándonos, servirá de algo? Repreguntémonos, ¿sirvió de algo la anterior? A diferencia del año pasado, nos hallaremos una vez más bajo el cielo del 11 de septiembre con la diferencia que contamos con cuatro fuerzas políticas distinguidas ideológicamente que han acordado un reto histórico: el 9 de noviembre.

Después de dos años en los cuales la política catalana se ha desarrollado bajo dos grandes temas, crisis económica --recortes sociales-- y derecho a decidir, llega el tricentenario para redondear una historia que empezó el 1714 y puede encarar su recta final el 2014, el mismo día que cayeron los últimos defensores de la soberanía catalana. Soy una persona que suele imaginarse situaciones históricas, y no puedo evitar pensar que el día 11 estaremos de pie bajo el mismo cielo de quienes defendieron las leyes y libertades de los catalanes tantos años atrás, nos plantaremos con las piernas cansadas, tanto tiempo cuanto haga falta, para reclamar que queremos votar.

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YO IRÉ A LA 'V'

Iré, y me apuntaré a un tramo donde la ocupación sea menor que en otras. Haré lo mismo que unos compañeros barceloneses hicieron el año pasado cuando cogieron carretera para ocupar los agujeros, que al final no hubieron, en las tierras del Ebro. Esta vez, serán los que viven fuera de Barcelona, gente de mar o de montaña, de grandes o pequeños municipios, quienes tendrán que dar el paso para garantizar la ocupación de toda la 'v'. La 'v' de votar –votar y querer.