02 abr 2020

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El desafío del 9-N

«Escucha, España»

José Antonio Pérez Tapias

Solo mediante un renovado pacto constitucional puede asegurarse la perdurabilidad del Estado español

El tiempo  pasa y no solo nos vamos haciendo viejos, como dice la canción. Se agotan los plazos. El tiempo no es recurso indefinido. Nos vemos emplazados también por citas que los humanos nos fijamos y que retroactúan sobre nosotros como ineludibles. El 9 de noviembre, fecha para el referendo sobre la relación entre Catalunya y España, parece jornada con rasgos de destino ineluctable. Dado el antagonismo entre posiciones a favor y en contra de una consulta que es objeto de enconada polémica, habría que evitar vernos abocados a un conflicto político cargado de fuertes tensiones.

Aprovechando el tiempo que resta, tiempo humano que se dilata o contrae según lo que acontece y que no es meramente el continuo de días indiferentes, quienes estamos a favor de una vía federal para rearticular la realidad política española teniendo en cuenta su pluralidad nacional intentamos el necesario diálogo para que la dinámica de los hechos no nos lleve a contradicciones irresolubles. ¿Hay esperanza de que las posiciones en torno al derecho a decidir por parte de la ciudadanía catalana encuentren un punto de confluencia que pueda hacer viable la consulta sobre la relación entre Catalunya y España como ejercicio democrático en el marco de la legalidad? Las nuevas propuestas del recién elegido secretario del PSC, Miquel Iceta, apuntan posibilidades de desbrozar el camino hacia esa consulta a partir de retomar el diálogo sobre lo que en ella puede preguntarse.

La reforma federal del Estado de las autonomías, como proponemos desde posiciones federalistas, haciendo hincapié por parte de muchos en que dicha reforma ha de tener como objetivo un Estado federal plurinacional, es tarea ardua que requiere una profunda reforma de la Constitución. En verdad, un proceso constituyente, el cual demanda consenso suficiente acerca de su necesidad. Es grave la crisis institucional del Estado, y reclama que desde los distintos puntos del espectro político se llegue a la conclusión de que solo mediante un renovado pacto constitucional puede asegurarse la perdurabilidad del Estado español en un futuro de largo recorrido.

Para acometer dicha reforma constitucional es necesario saber hacia dónde dirigirla, de manera que sea posible una solución para la pluralidad nacional de la realidad política hispana capaz de generar suficiente respaldo democrático como para verse plenamente legitimada, tanto en Catalunya como en el conjunto del Estado. Ello redunda en la conveniencia del mismo referendo consultivo -no es referendo de autodeterminación- por el que se viene abogando desde la sociedad catalana y la mayor parte de su representación política. No solo por exigencia democrática; también por la necesidad de contar con la expresión de la voluntad política del demos catalán para no errar en el camino de la reforma. Poniendo en práctica una imprescindible voluntad de escucha -utilizando la fórmula del filósofo Paul Ricoeur-, una consulta que la legalidad puede amparar es cauce democrático para que la ciudadanía catalana exprese sus preferencias, de forma que en el deseable proceso constituyente no vayamos desencaminados.

Se trata, pues, de atender a la interpelación con la que el poeta Joan Maragall iniciaba su Oda a Espanya:  «Escolta, Espanya, la veu d'un fill / que et parla en llengua no castellana...». Pero incluso podemos contemplar más posibilidades, a modo de sugerencia. Ya que la gran objeción que muchos ponen a la consulta es que solo se pregunte a la ciudadanía catalana, y no a toda la sociedad española, se puede pensar en plantear la consulta a toda la ciudadanía del Estado, siempre que la pregunta formulada sirva para que se sepa hacia dónde se decanta exactamente la ciudadanía de Catalunya. Si en referendo se pregunta, por ejemplo, a cada ciudadano su opinión -a favor o en contra- acerca de una reforma constitucional que configure el Estado español como un Estado federal en el que se reconozca la pluralidad nacional existente en la realidad política española, la respuesta tanto en la sociedad española en general como en la catalana en particular arrojará luz suficiente para iluminar lo que debe hacerse -de camino también quedaría esclarecida la posición de la ciudadanía en Euskadi-. El recorrido hacia una nueva Constitución que en su día sea sometida al refrendo de todos podría iniciarse con una hoja de ruta mucho más despejada.

Recordemos, salvando las distancias, que a la Constitución de 1978 la precedió un referendo sobre la reforma política. La diferencia está en que ahora un referendo previo a un proceso constituyente lo haríamos con unas garantías democráticas de las que entonces no se disponía. Pero la analogía en cuanto a aquellos dos momentos nos puede suministrar ideas para la acción colectiva que es urgente emprender.