NÓMADAS Y VIAJANTES

Dominó de incompetencia

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La brutalidad. Miembros del EI ejecutan a docenas de miembros de las fuerzas de seguridad iraquís el pasado junio en la provincia de Saladino.

La brutalidad. Miembros del EI ejecutan a docenas de miembros de las fuerzas de seguridad iraquís el pasado junio en la provincia de Saladino. / AFP

En una guerra es siempre esencial tener un plan. No basta con la comunicación, una forma moderna de propaganda: qué vamos a decir a la opinión pública para que parezca lo contrario. En una guerra, si se quiere ganar, es esencial saber qué objetivos se buscan, de qué medios se dispone y cuál es el precio que se está dispuesto a pagar. También es importante averiguar cuál es la puerta de salida.

En Irak se incumplen todas estas normas. Nunca hubo un plan más allá del empeño del clan Bush y sus halcones de vuelo bajo de derrocar a Sadam Husein. Tampoco lo tuvo Barack Obama cuando retiró las tropas hace tres años, una promesa electoral. Ni lo tiene ahora para combatir el Estado Islámico (EI), el grupo radical suní que impone el terror en amplias zonas de Irak y Siria.

Hillary Clinton ha criticado a Obama. Lo tiene fácil: ha fallado hasta la propaganda, centrada en la suerte de los yazidís. Hillary es inteligente. Trata de desactivar los ataques desde el flanco republicano, distanciarse de una operación que puede salir mal y cultivar su imagen de mujer presidenciable. Y protegerse del efecto Bengasi.

La muerte en septiembre de 2012 del embajador Christopher Stevens y otros tres ciudadanos estadounidenses en la Libia liberada fue un mazazo de realidad, un anticipo del caos actual: milicias enfrentadas, aumento del islamismo radical. Libia es un desastre, como Irak y Afganistán. Los republicanos criticaron (y critican; no es un caso cerrado) a Obama y a Hillary por minusvalorar el riesgo y no disponer de una fuerza adecuada para defender la legación en Libia. Hillary cargó con las culpas y las iras de la extrema derecha por una cuestión de jerarquía. El efecto Bengasi paraliza a Obama en Irak: nada de tropas de combate en tierra.

Irak está a la deriva desde que EEUU derrocó a Sadam Husein en la primavera de 2003. Quitar dictadores puede ser una excelente idea sobre el papel pero se trata de una idea pésima si se les derroca sin un plan real de cómo gobernar el país. En el caso de Irak se ignoró la historia y la complejidad tribal. También se ignoró a la población: de la mentira de las armas de destrucción masiva a la mentira de la democracia iraquí.

Legitimidad

Celebrar elecciones no es democracia, pero generan una pátina de legitimidad. Las urnas ponen en marcha procesos en Camboya, Irak, Sierra Leona o Afganistán que después exigen paciencia y ayuda para modificar la cultura política y construir una democracia sólida, sostenible. Esto exige años y millones de dólares. Los esfuerzos subterráneos no ganan las elecciones en casa. Mejor la escenificación del voto de una población analfabeta en su mayoría para decir a las madres de los soldados: «Bueno, la vida de su hijo no fue en balde, llevó la democracia a Afganistán».

La pátina de legitimidad es solo el primer paso, no el fin. EEUU invadió Irak sin un plan para el día después, tomó todas la decisiones equivocadas posibles, como la de disolver el Ejército, y no supo construir una estrategia en los años de la ocupación. El 90% del fracaso le pertenece a Bush y sus halcones, a la prensa que los vitoreó, a los que compraron las mentiras y siguen sin pedir perdón.

El error de Obama

Ahora centramos la culpa en Nuri al Maliki, aupado al trono de Bagdad antes de la llegada de Obama a la Casa Blanca. ¿Nadie sabía de sus políticas sectarias? ¿De su persecución a la minoría suní? El error de Obama fue mantener al chií Al Maliki, no actuar como una potencia ocupante y sacarlo del poder antes de retirar las tropas. El problema era reconocer sus límites: quien pone y quita primeros ministros en Irak es Teherán.

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El error de Obama fue intervenir en Siria sin un plan. EEUU y sus aliados armaron al Ejército Libre Sirio (ELS), pero nunca de una manera decisiva para derrocar a Bashar el Asad. De esa timidez nacieron grupos radicales financiados por Qatar y Arabia Saudí que le comieron el terreno al ELS; el más brutal de todos, el ISIL, ahora llamado Estado Islámico (EI). Se repite la insensatez que alumbró a los talibanes.

Bombardear para salvar la vida de los yazidís es una cosa; otra, derrotar al EI. El plan es simple: EEUU pone los aviones, sus aliados las tropas. EEUU está armando a los kurdos, la única fuerza fiable. El problema vendrá después, cuando los kurdos expulsen del norte al EI, amplíen su territorio, tomen el control de los pozos de petróleo en disputa con Bagdad y proclamen la independencia. ¿Qué haremos con los kurdos de Turquía? ¿Seguirán siendo terroristas? Es un dominó de incompetencia.