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La rueda

Hijos del pujolismo

Najat El Hachmi

Afortunados sois los que no habéis sido educados en el pujolismo. Podréis lamentar tanto como queráis haber descubierto la gran estafa del patriarca y su descendencia, pero no os veréis confrontados a la vergonzante sensación de descubrir que os han engañado desde los estamentos más importantes y decisivos de vuestra formación. Los que somos hijos de la inmersión lingüística, los que hemos nacido y crecido en la normalización nos preguntamos estos días si no hemos sido educados para ser carnaza del pujolismo, si hemos vivido en una secta sin tener ni idea. No es que nos lo hayamos creído o no, que seamos fanáticos o no, es que lo hemos mamado por dos vías poderosísimas que ocupaban nuestras horas: la educación y la televisión.

Los que nos hemos hecho catalanes con TV-3 y la escuela empezamos a sospechar que muchas de las historias con las que hemos crecido o eran mentira o eran verdades a medias. Recuerdo el eslogan de una campaña de la Generalitat cuando era pequeña «el trabajo bien hecho no tiene fronteras, el trabajo mal hecho no tiene futuro» o un programa de niños en el que Jordi Pujol les explicaba que el pan con tomate era la cosa más catalana que hay porque simboliza el espíritu ahorrador. En los libros de texto y TV-3 hemos aprendido los mitos fundacionales, de los Almogávares a las sangrientas cuatro barras, del Decreto de Nueva Planta a la lucha franquista, donde Pujol fue figura estelar. Toda una historia adecuada como un guante a las necesidades del nacionalismo que después sería independentismo.

Para los inmigrantes y los hijos de inmigrantes, un anexo especial, la teoría del ascensor social: que si nos incorporamos a la idea pujoliana de país, el éxito lo tendríamos garantizado. «Es catalán quien vive y trabaja en Catalunya». Ahora sería más preciso decir: «Es catalán quien vive, trabaja y paga impuestos en Catalunya».

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