La rueda

¿Divide y vencerás?

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Se equivocan quienes crean que sustituyendo el eslogan «la casa gran del catalanismo» por «la caja grande del catalanismo», o el «España nos roba» por el «Pujol nos roba», habrán encontrado el argumento definitivo para solucionar el debate instalado en Catalunya. La gran mentira de Pujol complica aún más el ya de por sí complejo debate, y el movimiento de fondo de desafección ciudadana en relación a las instituciones, y más concretamente en relación a las instituciones del Estado, seguirá estando vivo con la misma o más intensidad.

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El debate se complica porque Artur Mas fue designado a dedo sucesor de nuestro Perón particular. Se complica porque el principal partido que da apoyo al Govern se hizo a imagen y semejanza de alguien que cada día durante más de 30 años estaba defraudando a Hacienda. Y se complica porque los miedos, vergüenzas y frustraciones de los miembros del hasta ahora partido más votado en el Parlament irán acompañados de disensiones, negacionistas y regeneradores con diferentes estrategias. Si no fuera porque el poder cohesiona, CiU habría saltado por los aires en un fin de semana.

La esperanza de quienes hace dos años en Madrid negaban el problema y ahora, una vez asumido, niegan la posibilidad de abordarlo es ver divididas a las fuerzas políticas catalanas. Con el PSC en horas bajas y las fuerzas independentistas luchando por su pureza revolucionaria, el PP juega con la hipótesis de que nadie tenga por sí solo la legitimidad suficiente como para poder defender sus posiciones ante el Gobierno. Olvidan, sin embargo, que Catalunya no es solo CiU o ERC, sino que es una parte importante de su país, con más de siete millones de habitantes (unos, independentistas, y otros, que consideran que ser catalán es su única forma de ser español), y que a ellos y sus reivindicaciones se deben como gobernantes.