Mínimo imprescindible, máximo posible

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En septiembre del 2012 Artur Mas fue a la Moncloa a exigir el pacto fiscal a la vasca. Lógico si todos los españoles somos iguales pero complicado. CiU, que  gobernó 23 años Catalunya y fue bisagra en Madrid varias legislaturas, no lo logró. Mejor dicho, ni lo reclamó. Pero aquel día Mas -animado por la gran manifestación del 11 de septiembre- planteó un todo o nada. O pacto fiscal, o te vas a enterar. Una actitud inmadura porque ninguna negociación de envergadura se debe iniciar así. Pero la reacción de Mariano Rajoy fue también irresponsable (quizá más porque tiene más poder). No se puede contestar «nada, nada, nada» a la reivindicación de un Gobierno catalán electo. Máxime tras el episodio del Estatut en el que el PP -y Rajoy mismo- tuvo un elevado tanto de culpa. Quizá su objetivo -como cuando el proceso de paz- era propinar una patada a Zapatero pero lo hizo en el culo del 74% de los ciudadanos que votaron un Estatut (seguramente deficiente e insuficiente) pero que aumentaba el autogobierno e -implícitamente- decía  a seguir en España. Curiosamente aquel 18 de junio del 2006 el Partido Popular y Esquerra Republicana mezclaron sus votos contrarios.

En los casi dos años transcurridos desde septiembre del 2012 nada ha mejorado. El diálogo de sordos entre los dos gobiernos ha engordado. Ahora sobre la consulta, una reivindicación legítima y quizá necesaria pero que no puede hacer olvidar que los catalanes desde 1980 votamos libremente cada cuatro años y que -al contrario que en Escocia- nunca un partido independentista ha ganado unas elecciones. El «no nos dejan votar» no es cierto y en las democracias la mejor expresión de la voluntad popular no son los referendos, sino las elecciones libres y periódicas. Entiendo que exija la independencia un ciudadano de ese 74% indignado con Aznar, Wert Rodríguez Ibarra, pero no unos dirigentes políticos que, tras 34 años de autonomía, han sido incapaces de hacer ni una ley electoral catalana (competencia autonómica según los dos estatutos).

Tiempo perdido

Claro, después de dos años de choques y tensiones era imposible que la cumbre de ayer fuera bien. Pero se logró el máximo posible y el mínimo necesario. Tampoco fue mal. Sobre la consulta no hubo acuerdo pero Mas no reincidió en el todo o nada, sino que aseguró que había un clima de diálogo abierto y presentó a Rajoy 23 reivindicaciones -estoy seguro que importantes- de las que dijo que esperaba alguna respuesta positiva antes de fin de año. Y Rajoy no volvió a su nein sino que puso de relieve los méritos del Fondo de Liquidez Autonómico (FLA) y dijo estar dispuesto a estudiar los asuntos planteados.

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Lo irritante es que esos 23 asuntos sustanciales hayan estado congelados dos años por una cuestión de principios. En las democracias no se elige a los gobernantes para que lo paralicen todo con la excusa de discrepancias esenciales, sino para que gobiernen y resuelvan problemas (que en la Catalunya y la España de estos dos años no han faltado). Lo positivo es que finalmente se ha impuesto el seny y ambos presidentes han llegado a la conclusión de que a ninguno de los dos le conviene el choque de trenes y que es posible arreglar asuntos -el funcionamiento de los servicios públicos del Estado del bienestar o las infraestructuras- aunque haya grandes diferencias.

La cumbre de ayer fue pues positiva aunque no es seguro que se hayan puesto las bases de un diálogo serio y fructífero. También podría ser -aunque no lo creo- que sabiendo que la ciudadanía está harta y condena las posiciones cerradas alguien hubiera optado por el teatrillo: piel de cordero para luego…