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Manifiestos de intelectuales boicoteados en internet y titulares de prensa cargados de intención para frenar la consulta del 9 de noviembre. Esto es lo que nos depara la actualidad política del primer verano de RubalcabaBustosNavarroPujol Portabella retirados o en bandeja de salida. La tercera vía y la reforma constitucional serán el recurso fácil para llenar páginas y boletines informativos en nombre de unas fuentes e intereses que no por discretos dejan de ser conocidos. La operación para frustrar el compromiso electoral de consultar a los catalanes convivirá con la agitación en las redes. Dos mundos paralelos, realidades que no se quieren tocar. Los hilos que mueve el establishment y la movilización en la calle. Dos trincheras de confrontación ideológica.

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Artur Mas está en el vértice de estas dos realidades. Recibe la presión de los poderosos para que todo quede igual después de lo que ellos aún consideran un suflé y, por otra parte, se mantiene sistemáticamente bajo sospecha de los partidarios de una declaración unilateral de independencia.

La movilización de la Diada, a la vuelta de las vacaciones, será el botón nuclear del soberanismo. Ante todo tipo de maniobras públicas y soterradas, el movimiento soberanista estará en manos de Carme Forcadell Muriel Casals y de la capacidad de sus organizaciones por sacar a las calles de Barcelona a más manifestantes que el año anterior. Ese botón nuclear que eclipsará, un año más, los ríos de tinta veraniega de la tercera vía es la fuerza de qué dispone el president para no ceder a las presiones de los inmovilistas que secuestraron la Constitución española. Ese botón nuclear también puede funcionar para atajar las ocurrencias del entorno del conseller Francesc Homs.