La rueda

Es la ocupación, estúpidos

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Mientras las bombas caen a centenares para devolver a Gaza a la Edad Media, como ha dicho un dirigente israelí, puede verse aún en dos cines de Barcelona Omar, la primera película de producción cien por cien palestina que llega a los circuitos internacionales. Dirigida por Hany Abu-Hassan (Nazaret, 1951), es uno de esos filmes en los que los espectadores se quedan al final inmóviles en las butacas mientras los créditos ascienden por la pantalla en medio de un silencio ensordecedor.

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Abu-Hassan, la idea de Omar, candidata al Oscar en la última edición, se le ocurrió mientras filmaba Paradise now (2005), que también compitió por la estatuilla. Cada día, se sorprendía al observar que soldados israelís se presentaban en el rodaje. Llegó a pensar que había un espía en el equipo. Esa paranoia es la que refleja en Omar. El protagonista, un joven panadero, salta cada día el muro para ver a su amada. Detenido tras participar en un atentado, es captado por el espionaje israelí para que delate a sus compañeros. El doble juego entre lealtad y traición compone una historia nada maniquea, en absoluto panfletaria, donde se muestran también los anacronismos de la cultura musulmana, como la dependencia que Nadia, la novia de Omar, sufre de su hermano mayor y de su familia. Es una historia no sobre el conflicto palestino-israelí, sino sobre la ocupación, sobre la tortura de un ambiente obsesivo que lo impregna todo, en el que, como dice Abu-Hassan, el equilibrio es imposible: «No hay equilibrio entre ocupante y ocupado».

La ocupación es la raíz de un conflicto para el que la ONU admite el derecho de autodeterminación. Pero, mientras las bombas caían sobre Gaza, CiU, tan partidaria del derecho a decidir, y el PP negaban en el Parlament la autodeterminación a los palestinos.