Los problemas urbanísticos del territorio catalán

El paisaje como continuidad cultural

El desastre paisajístico más importante de Catalunya es la degradación de las área metropolitanas

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Es evidente que el paisaje catalán, en sus ámbitos más concurridos y, sobre todo, los más cercanos a las grandes intervenciones humanas, como los asentamientos residenciales e industriales, está cada día más estropeado y es más contradictorio. Ha perdido aquellas referencias conceptuales y plásticas de la vida y los trabajos del campo, con las jerarquías bien establecidas por la historia y la geografía y con las permanencias culturales que han resistido tantos siglos porque las diversas funciones se han hermanado orgánica y figurativamente.

Pero, en los tiempos recientes, los nuevos usos del territorio y los cambios traumáticos han adquirido una intensidad más rápida y profunda, por lo que ha sido difícil crear en paralelo una nueva armonía ni en la interpretación de las mismas funciones ni en la valoración representativa. Es decir: parece que no se puedan conseguir unos nuevos órdenes compositivos naturales al servicio de los nuevos usos cuando estos cambian más rápidamente. Cuando sales de una tradición estrictamente artesanal tan diferenciada y tan arraigada no configuras previamente un nuevo repertorio estilístico que sea la interpretación y la generación de la base expresiva de unos usos nuevos. Es decir, una base expresiva que se mantiene en el centro de una contradicción como un testimonio de la historia de las ideas.

¿Cuáles son los conjuntos paisajísticos que crean este desorden? Muchos y muy variados, pero casi todos consecuencia de la falta de un discurso radical y coherente sobre la permanencia selectiva de algunos factores en los procesos de cambio o evolución. Uno de los primeros conjuntos que encontramos en el paisaje catalán como muestra de esta inadecuación son las inmensas urbanizaciones que ocupan desde hace más de un siglo grandes territorios con escasos criterios de lógica funcional y muy pocas consideraciones paisajísticas. Tanto si son implantaciones extensivas con la anarquía de la casita y el huerto, como si se trata de conjuntos densos con un orden geométrico diseñado según los principios más sencillos de la especulación, resultan dos fórmulas de maltrato del paisaje.

Sobre todo son un ejemplo de la imposibilidad de convertir el conjunto en espacios habitables, según las buenas maneras que tradicionalmente han ofrecido los espacios urbanos de calidad. Y no hay que esperar mucho para constatar estos problemas en la misma interpretación del pobre usuario cuando se da cuenta de que el espacio colectivo no es ni rural ni urbano: solo una serie de viviendas seriadas sin plazas ni calles, sin centralizaciones ni monumentos . Ni aglutinación civil ni alma colectiva. Los negociantes del territorio y la vivienda en colaboración con los técnicos administrativos del urbanismo municipal, escuchando solo las consideraciones más mercantiles, han decidido crear otro elemento urbano complementario, una segregación ininteligible: el polígono que agrupa los servicios, las industrias, los comercios artesanales, los cines y hasta las discotecas y las iglesias, es decir, todo aquello que concentra vida y actividad y que define la ciudad.

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La ciudad nueva está, pues, generando una no ciudad dominada por el suburbio, hecha con manchas inconexas de minichalets y casas pareadas, que incorporan conjuntos torpes con presencia impositiva de algún falso down-town, todo salpicado de casitas en las vertientes de mediodía de los cerros que ahora destruimos tras robarles el nombre y la representación cultural. Todos estos ejemplos se limitan a problemas casi puntuales, espacios que, en vez de proyectos de gran alcance, solo necesitan reforzar los criterios fundamentales de su existencia y la posibilidad de que ellos solos puedan establecer un nuevo papel protagonista. Pero me parece importante que cada propuesta de reordenación del paisaje tenga presente cuáles son o deben ser los grandes criterios compositivos y cómo se deben relacionar con las esencias culturales -geografía e historia- para lograr la recuperación de la vida. Solo así se puede recalificar el triste paisaje que rodea buena parte de Catalunya y mantener las mismas bases de ordenación y significación, con una visión más general del tema.

Piénsese cómo se puede resolver el desastre paisajístico más importante de Catalunya: la degradación de las áreas metropolitanas, comenzando por la de Barcelona. Observando el problema queda claro que solo una teoría general sobre el paisaje puede descubrir la manera de formalizar el espacio entre ciudades en términos de paisaje significativamente urbano. Y dar más apoyo a la futura integración de parte del área metropolitana con los municipios del primer anillo alrededor del centro de la capital y considerarlos lo que son: distritos de Barcelona.