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Al contrataque

Intervenciones

Ana Pastor

Imagina que cada mañana al levantarte necesitas seguir soñando. Imagina que sales de casa y que desearías no haberlo hecho. Imagina que, ya que estás fuera de ella, sientes la necesidad de buscar en un rincón de tu ciudad algo parecido a un refugio en el que resistir. Imagina que buscas una tregua. Imagina que paseas por esa calle empedrada que te trae tantos recuerdos. Imagina que el silencio es tu única compañía en ese momento.

Imagina que alzas la vista buscando alguna referencia que te saque de una realidad que nos pesa cada día más. Imagina que encuentras la ansiada señal. Imagina que alguien ha decidido regalar a sus vecinos instantes de poesía amasada en yeso. Imagina ahora que ese regalo que habla de amor se hace y se deposita de madrugada y de manera anónima. Imagina que sus autores lo llaman «intervenciones» dando un nuevo y esperanzador significado a una palabra últimamente cosida a la economía y a los efectos que provoca la austeridad.

Imagina que, gracias a esas nuevas intervenciones, te encuentras en plena calle con un busto blanco de cuya pensativa cabeza salen varios pájaros volando. Imagina que das unos pasos más y localizas otras de esas bellas figuras de yeso blanco.

Esta vez representan a un grupo de nadadoras de rostro sonriente y ataviadas con gorro y gafas acuáticas. Imagina que avanzas por tu camino y el letrero del nombre de una calle cercana se transforma en una exhortación vital que reza «bésame en esta esquina».

Imagina que decenas de personas se convierten en replicantes por un instante y se fotografían junto al cartel en ese cruce de caminos obedeciendo esa orden tan acatable. Imagina que además de todo esto te falta por descubrir la historia de un amor imposible que protagonizan otras dos figuras de cuerpo entero pero de pequeño tamaño. Una a un lado de una calle, asomada en una terraza, y la otra enfrente. Mirándose. Esperando. Esperándose. Como los amantes de La amigdalitis de Tarzán de Alfredo Bryce Echenique.

Imagina que dejas atrás el casco antiguo. Imagina que cualquier vecino o visitante camina algo más, se aleja y llega al puerto. Y que allí encuentra una enorme flecha clavada entre los diques de hormigón, una flecha acompañada por una leyenda escrita en una baldosa que dice: «Cuando Hércules separó las columnas y se juntaron los mares, el Oráculo ordenó lanzar una saeta que señalaría el lugar donde morarían las futuras civilizaciones».

Necesidad de soñar

Imagina que todo esto es real. Imagina que alguien ha decidido dejar todos estos regalos en la localidad de Rota, en la provincia de Cádiz. Imagina que existen ciudadanos que necesitan seguir soñando. E imagina también que hay ciudadanos que quieren que sigamos teniendo sueños. Imagina.